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Érase una vez una tierna y pura presidenta de Madrid que vivía en una casa hecha de dulce y mazapán

Isabel Díaz Ayuso en una visita al Instituto de Investigación y Desarrollo Rural de Madrid el 18 de abril. EFE

Sociedad
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Díaz Ayuso afirma que su único error en la gestión de la crisis del coronavirus fue "fiarse de la izquierda". En todo lo demás, "teníamos razón"

Érase una vez una presidenta de la Comunidad de Madrid que confiaba tanto, tanto, tanto en la izquierda que hasta se olvidó de que formaba parte del ala más conservadora del PP. Después de años de trabajar duro cerca de Esperanza Aguirre y de intentar copiar su estilo abrasivo, un día sufrió un acceso de locura y pasó a ser abducida por la pérfida izquierda y sus acreditados métodos de control mental. Tan poderosos que debieron de ser diseñados por el KGB en algún laboratorio secreto. Sólo así podían haber doblegado la voluntad de Isabel Díaz Ayuso. 

Allá por febrero la presidenta iba feliz por la vida sin saber que ya no era libre. En televisión, llegó a decir el día 26 que no había de qué preocuparse. Sólo era una gripe y el sistema sanitario de Madrid estaba perfectamente preparado para cualquier contingencia. No era ella quien hablaba, sino algún comisario prosoviético que era el que elegía sus palabras. Es raro que la presentadora del programa no se diera cuenta y no le avisara. ¿Eres tú realmente, Isabel? ¿No es el Maligno el que habla por tu boca?

El experimento de manipulación de la voluntad no se limitaba a Ayuso. Su directora general de Salud Pública envió el 5 de marzo una carta con las principales medidas sanitarias recomendadas. Una frase destacaba en el texto: "La población general puede continuar con su actividad con toda normalidad". ¿Acaso era como en la película 'La invasión de ladrones de cuerpos' y la izquierda había colocado vainas en los domicilios de los dirigentes del PP madrileño para que los sustitutos ejecutaran sus planes?

Es cierto que esa comunicación de la Consejería de Sanidad recomendaba que "se eviten los lugares con aglomeración de personas, como eventos multitudinarios o medios de transporte públicos en horas punta". Una semana después, se jugó en Liverpool un partido de la Liga de Campeones al que viajaron más de 2.500 aficionados del Atlético de Madrid cuando había ya casi 800 casos de coronavirus en la comunidad. La UEFA fue la principal responsable de que ese partido no se celebrara a puerta cerrada, pero tampoco se escuchó a Díaz Ayuso decir que ese viaje masivo era una irresponsabilidad. Señal de que aún estaba siendo controlada desde lejos, desde Venezuela probablemente.

A finales de mes, ya se había librado del hechizo. Había pasado a modo experto: "Esto se veía venir. Era de esperar que esto iba a llegar. La conexión de China es directa, no hay una sola goma del pelo que no sea made in China". Gomas del pelo feministas, sin duda. 

CONTINUAR...