El comercio de los sueños

Columnistas
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times
Star InactiveStar InactiveStar InactiveStar InactiveStar Inactive
 

La infertilidad es una de las situaciones vitales más dolorosas y que sorprendentemente, desde el punto de vista psicológico, se encuentra en cierto modo desatendida.
Supone la renuncia a un modelo de vida y a un deseo vital. Sin embargo, si algo he aprendido ejerciendo como psicólogo, es que al ser humano le mueve más fuerte la pasión que el miedo.

Es por eso que cada vez más mujeres o parejas deciden someterse a procesos de inseminación asistida. La medicina (la cual debería garantizar la salud de las personas), ha encontrado un nicho comercial en las clínicas de fertilidad.

Un proceso que sobre el papel es cubierto por la seguridad social, pero que en la realidad no lo es tanto, ya que si eres mujer y tienes más de 40 años esta opción no existe. Además de las eternas listas de espera que hay para poder llevar a cabo el proceso.

Es en este punto donde entran las clínicas privadas, ofreciendo una ventana a la ilusión. Contándote el proceso que seguirán y alimentando un sueño como es el de ser madre o padre.

Esto no es una crítica a la inseminación artificial, si no al sistema. En consulta psicológica observamos (y cada vez más) los estragos del proceso cuando este no va sobre ruedas.

La desesperación, la impotencia y el "descojone" de la pareja son los síntomas más habituales.
En el escaparate nos muestran la cara más amable del proceso: familias felices, que han conseguido con éxito aumentar su número.

La realidad es que es un proceso duro, donde la frustración aparece tras varios intentos fallidos. Porque sí, está es una posibilidad bastante real, puede ser que no funcione.

Puede que gastes tus ahorros e incluso pidas un crédito, y que no funcione. Puede que gastes tu tiempo y tu salud y tampoco. Y puede ser que veas como a los demás les ha ido perfectamente, y te preguntes porqué a ti no te ocurre.

Puede ser que tengas que renunciar a tu ilusión después de haber invertido mucho, porque... ¿cuándo parar de intentarlo?

Esta es una realidad para la que una persona o pareja que comienza este proceso debe estar psicológicamente preparada. Pero por lo general, esta parte no te la cuentan y confías en que todo irá bien, porque anhelas que así sea. Pero puede ser que no, y es entonces cuando la realidad golpea con toda su fuerza.

Si ha habido suerte, todo es maravilloso. Pero sino...La salud mental no puede depender del azar.

Para concluir:

Puede resultar algo cruda mi forma de expresarlo, pero considero que es necesario saber a qué nos exponemos, para poder regular nuestras expectativas. Este trabajo psicológico previo estoy seguro que frenaría el impacto emocional tremendo que provoca el proceso cuando las cosas no salen bien.

Y ya sabéis lo que se dice, mejor prevenir que curar.

Conocer lo que puede pasar, hace que nos preparemos mentalmente y asumamos esa posibilidad. No se trata de hacer un ejercicio mental de ponernos en lo peor, si no saber con datos la situación real a la que nos enfrentamos.

Dejar de ser “ilusos” hace que podamos tomar decisiones a sabiendas de a lo que nos exponemos.

Opino que deberían ser los propios centros de salud los que nos informen de esto. Informar no es pasar una hoja con advertencias antes de firmar un contrato, informar es asegurarse que la persona sabe dónde se está metiendo.

Sim embargo, parecer ser que comerciar con los sueños de las personas es un negocio rentable.

Alejandro Vera – Grulla psicología y nutrición