“LA CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE JESÚS

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Pedro de Felipe del Rey
ESPAÑA
10-07-2012

Joseph Ratzinger
(Papa Benedicto XVI)
Oficina de Información
00120 Città del Vaticano

Muy estimado en el Señor Jesús:

He leído su biografía, escrita por Vd. mismo (antes de llegar al Pontificado), y sus dos libros sobre Jesús de Nazaret.

El cardenal Guiusepe Ricciotti (Roma 1890-1964), profesor de la Universidad de Roma e historiador, en 1941, publicó su obra Vida de Jesucristo, que Vd. conocerá. De ella, se hicieron cinco ediciones en ese mismo año; fue traducida “a todas las lenguas europeas.” (Pg. 5). En el año 2000, se ha hecho una nueva edición en español; en la pg. 539, de ella, leemos:

LA CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE JESÚS.

“La cronología de la vida de Jesús se halla, toda ella, bajo un velo de incertidumbre, no sólo considerada internamente en sí misma, sino también en relación con la historia contemporánea exterior. No sabemos con certeza absoluta el día ni el año del nacimiento de Jesús, ni cuándo inició su actividad pública, ni cuanto duró ésta, ni el día ni el año de su muerte.” (Pg. 539).

Ricciotti dice esto porque, como Vd. sabe, en esta cronología, hay una serie de problemas, de los que él no pudo resolver ninguno; lo mismo que le ha sucedido a Vd.; por esto, Vd. no da ninguna fecha de esa cronología; estos problemas son los siguientes:

 

1) La fecha del nacimiento de Jesús, que consiste en lo siguiente: (contando con el error de Dionisio el Exiguo) el rey Herodes murió en el año 4 a. C.; pero como, según Mateo 2:1-16, él intentó matar a Jesús, éste tuvo que nacer antes de esa fecha. Por otra parte, según Lucas 2:1-7, Jesús nació en Belén, porque sus padres fueron allí para empadronarse en un censo, que había ordenado el emperador Augusto; pero, según Lucas 2:2, “este primer censo se hizo siendo Quirino gobernador de Siria.” Ahora bien, como Quirino no fue gobernador de Siria hasta el año 6 d. C., resulta que, para esta fecha, Jesús tenía, por lo menos, 10 años de edad (4 años de a. C. más 6 años de d. C.). Según estos datos, ¿cómo se resuelve este problema, para saber en qué año nació Jesús?

2) La fecha del bautismo de Jesús, que, según Lucas 3:1-3, 21-23, tuvo lugar en el año decimoquinto del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato era gobernador de Judea, y Jesús tenía “como 30 años” (según las traducciones tradicionales). Según estos datos, ¿en qué año se bautizó Jesús? Vd. ha tenido la ocasión de resolver estos dos problemas en su primer libro; pero no lo ha hecho.

3) El período del ministerio de Jesús, que, según unos, duró un año (de acuerdo con los sinópticos, que dicen que Jesús sólo celebro una Pascua, en la que murió); pero, según otros, ese período habría sido de dos años (de acuerdo con las tres Pascuas que ellos ven en el evangelio de Juan); ahora bien, otros afirman que el ministerio de Jesús tuvo que durar tres años y medio; porque la profecía de Daniel (a quien Jesús reconoció como profeta, según Mateo 24:15) dice que el ministerio del Mesías tenía que durar tres años y medio, y terminar con su muerte, según Daniel 9:27; y Jesús, tras su resurrección, dijo que él había cumplido todo lo anunciado por los profetas, según Lucas 24:44. Por tanto, también había cumplido esa profecía del profeta Daniel; pero, para que haya cumplido esa profecía de Daniel, tiene que haber celebrado cuatro Pascuas; porque, si su ministerio no duro tres años y medio, Jesús no sería el Mesías anunciado por el profeta Daniel. Por consiguiente, ¿dónde están, en los evangelios, las cuatro Pascuas celebradas por Jesús?  

4) El año y el día de la muerte de Jesús, que, teniendo en cuenta que su ministerio duró tres años y medio, y que, según los evangelios, murió un día 14 de Nisán, que, en aquel año, cayó en viernes, sólo hay que averiguar a qué año y a qué día del calendario juliano corresponden esos datos. Vd. podía haber resuelto este problema en su segundo libro; pero no lo ha resuelto.

5) El problema de las dos Pascuas, que, como Vd. sabe, Jesús: “Cuando llegó la hora se puso a la mesa; y los apóstoles con El. Y díjoles: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, […].” (Lucas 22:14-15). Ahora bien, en esa misma noche, Jesús fue detenido y, a la mañana siguiente, los judíos lo llevaron a la residencia de Pilato (el Pretorio), y: “Era muy de mañana. Ellos no entraron en el pretorio por no contaminarse, para poder comer la Pascua.” (Juan 18:28). Es evidente que entre la celebración de esas dos Pascuas pasaron veinticuatro horas. Y aquí surge la pregunta: ¿cuál de esas dos Pascuas fue la legal, es decir, celebrada conforme a la Ley (la Torá)?

  1. a) Ricciotti, en su libro citado, refiriéndose a Juan 18:28, dice: “En tal caso, Jesús murió el 14 de Nisán y la última cena celebrada por Él la noche precedente, no era legalmente la cena del cordero pascual.” (Pg. 413)
  2. b), en su segundo libro sobre Jesús de Nazaret, afirma: “Jesús era consciente de su muerte eminente. Sabía que ya no podría comer la Pascua. En esta clara toma de conciencia invita a los suyos a una Última Cena particular, una cena que no obedecía a ningún determinado rito judío, sino que era su despedida, […].” (Pg. 137).
  3. c) Es evidente que, según Ricciotti y Vd., la Pascua celebrada por los judíos el día 15 de Nisán fue la celebración legal de la Pascua, mientras que la cena celebrada por Jesús el día 14 (un día antes) no fue la celebración legal de la Pascua, sino sólo una cena particular de despedida; pero la Ley de los Judíos (la Tora) dice:

“Habló Yahvéh a Moisés […] y le dijo: Que los hijos de Israel celebren la Pascua a su tiempo. La celebrarán el día catorce de este mes, entre dos luces, al tiempo debido. La celebrarán según todos sus preceptos y normas. […] Y el que, encontrándose puro y no habiendo estado de viaje, deje de celebrar la Pascua, ese tal será exterminado de su pueblo. Ese hombre cargará con su pecado, por no haber presentado la ofrenda a Yahvéh a su tiempo.” (Números 9:1-3, 13). (Biblia de Jerusalén, edición de 1971). (La negrita es mía).

  1. d) Observamos que, ante ese pasaje bíblico de la Ley (la Tora) de los judíos, la Pascua debía celebrarse el día 14 de Nisán; por eso, la única cena legal de la Pascua fue la celebrada por Jesús. Por consiguiente, la resolución del problema de las dos Pascuas consiste en saber: primero, que la Pascua celebrada por los judíos el día 15 de Nisán fue ilegal (por no ajustarse a la Ley (la Torá); segundo, ¿por qué, cuándo y cómo cambiaron los judíos la celebración de la Pascua desde el día 14 (que ordenaba la Ley) al día 15 de su Tradición? Vd. también ha tenido ocasión de resolver este problema en su segundo libro; pero no lo ha resuelto; y, sin embargo, Vd. dice que habla del Jesús histórico; ¿cómo puede ser histórico un Jesús que Vd. no sabe ni siquiera en qué día murió?

 

6) Otros problemas relacionados con la vida de Jesús son:

  1. a) El problema de los 46 años de la construcción del templo (que también se insertan en la cronología de la vida de Jesús), mencionados en Juan 2:20. ¿A qué año de la vida de Jesús se refiere este pasaje?
  2. b) El problema de los tres días y las tres noches que Jesús afirmó que estaría en el sepulcro, según Mateo 12:40. Y sólo estuvo dos noches: del viernes al sábado, y del sábado al domingo; en resumen, poco más de la mitad del tiempo que había dicho; ¿cómo se resuelve este problema?
  3. c) El problema de la hora de la crucifixión, que, según Marcos 15:25, fue a la hora “tercera”; pero, según Juan 19:14-16, fue a la hora “sexta”; ¿quién tiene razón? Y ¿cómo se resuelve este problema?
  4. d) El problema de la discrepancia de los nombres en las dos genealogías de Jesús: Mateo tiene una lista de 42 nombres, desde Abraham hasta Jesús (según Mateo 1:1-17). Lucas tiene una lista más larga, que se remonta desde Jesús hasta Adán y, de éste, a Dios (según Lucas 3:23-38). Ahora bien, entre los nombres de esas dos listas, sólo hay 16 nombres que coinciden en esas dos listas, los demás son diferentes. Además, es evidente que Mateo, al nombrar a los reyes de Judá, se salta varios nombres de ellos (como se puede comprobar por el AT). Por su parte, Lucas sólo nombra al rey David, y se salta a todos los demás reyes de Judá. ¿Cómo hay que entender estas genealogías, teniendo en cuenta que está bien claro que las dos van por la línea de José? Ricciotti, en su libro citado, dice: “Es cuestión antigua ya la de la conciliación de ambas genealogías, puesto que viene tratándose desde el siglo III; pero su solución cierta no ha sido lograda aún ni quizá lo sea nunca, […].” (Pg. 30); pero ¿cómo se resuelve este problema?
  5. e) El muy debatido problema de la mortaja de Jesús (que muchos dicen que fue la “Sábana de Turín”).

*) Los evangelios hablan del entierro y la mortaja de Jesús en tres etapas:

Primera etapa: desde la cruz al sepulcro; según los tres evangelios sinópticos, José de Arimatea descolgó de la cruz el cadáver de Jesús, lo envolvió en una “sábana” (en griego: sindo¿na, en singular femenino), y lo dejó en un sepulcro (según Mateo 27:57-60; Marcos 15:43-46; Lucas 23:50-53). Según estos pasajes: ¿esa sábana podría ser la “Sábana de Turín”?; los partidarios de esta creencia se fundan en esos pasajes para afirmarlo; pero prosigamos con el relato evangélico.  

 

Segunda etapa: el embalsamamiento del cuerpo de Jesús en el sepulcro; según el evangelista Juan, después de haber sido dejado el cuerpo de Jesús con la sábana en el sepulcro, se juntaron allí José de Arimatea y Nicodemo, y embalsamaron el cuerpo de Jesús con unas “cien libras” de “mirra” y “áloe” envolviéndolo con “pedazos de lienzo” (en griego: oµqoni¿oij, en plural neutro, “…según es costumbre sepultar entre los judíos.” Juan 19:38-40). Esos “pedazos de lienzo” (= lienzos), por las prisas del momento (porque llegaba el sábado a la puesta del sol, según Juan 19:41-42), se usaron en lugar de las vendas que se usaban para amortajar, como se ve en la mortaja de Lázaro (según Juan 11:44). Por tanto, los “lienzos” eran tiras de lienzo en forma de vendas; estas tiras de lienzo, al juntarse con esos productos resinosos (mirra y aloes), se pegaron una con otra y con el tronco y los miembros del cadáver, como una segunda piel pegada sobre la primera, de suerte que, para llevarse el cuerpo muerto, había que hacerlo con la mortaja pegada, o deshacerla arrancando las tiras de lienzo del cuerpo, o cortando la mortaja.

 

-Tercera etapa: el estado de la mortaja después de la resurrección de Jesús. Cuando entraron en el sepulcro los apóstoles, Pedro y Juan, vieron los lienzos “puestos allí” (puestos = ki¿mena, en griego), que significa: “puestos”, “yacentes”, “aplanados”, etc. Por tanto, no se habían llevado el cadáver con las tiras de lienzo pegadas, ni las tiras de lienzo estaban desordenadas como habría sucedido en el caso de haber sido arrancadas del cuerpo o cortadas, sino que la mortaja guardaba su compostura; porque, al salir Jesús resucitado de ella sin deshacerla (como después entró, estando las puertas cerradas, donde estaban los apóstoles reunidos, según Juan 20:19), la parte alta de la mortaja cayó sobre la parte baja; por esto, los pedazos de lienzo que la formaban estaban “aplanados” (como la camisa de una serpiente, que vemos en el campo totalmente aplanada; porque la serpiente que estaba dentro salió de ella y, al quedarse hueca, se aplastó). Por tanto, Pedro y Juan vieron que la mortaja de Jesús estaba intacta, como la habían dejado envolviendo el cadáver, pero el cuerpo de Jesús no estaba dentro de ella. Así, Jesús dejó, en su mortaja, una prueba física tangible y concluyente de su resurrección; y esa mortaja fue vista por los apóstoles Pedro y Juan, quien, cuando la vio, “creyó”, como lo dice él mismo; éstas son sus palabras:

“3 Salió, pues, Pedro y el otro discípulo y fueron al sepulcro. 4 Corrían ambos juntos; pero el otro discípulo corrió más a prisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que estaba sobre su cabeza, no depositado con los lienzos, sino en su lugar a parte aplastado. 8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vio y creyó.” (según Juan 20:3-8). (Texto griego).

*) Y esta mortaja de Jesús también fue vista por los legionarios romanos, que guardaban el sepulcro, antes que una parte de ellos fuera a Jerusalén a contar, a los sacerdotes judíos, que los habían puesto allí, lo que había pasado en el sepulcro, donde habían dejado el cadáver de Jesús; cuando esos sacerdotes oyeron este impresionante testimonio, hicieron que lo cambiaran dándoles “mucho dinero” (según Mateo 28:12).

 

*) Sobre este asunto, Vd. escribe: “Sobre el entierro mismo, los evangelistas nos transmiten varias informaciones importantes. Ante todo, se subraya que José hace colocar el cuerpo del Señor en un sepulcro nuevo de su propiedad, en el que todavía no se había enterrado a nadie (cf. Mt 27, 60; Lc 23, 53; Jn 19, 41). […]. Es importante además la noticia según la cual José compró una sábana en la que envolvió al difunto. Mientras los Sinópticos hablan simplemente de una sábana, en singular, Juan habla de “vendas” de lino (cf. 19, 40), en plural, como solían hacer los judíos en la sepultura. El relato de la resurrección vuelve sobre esto con más detalle. Aquí no entramos en la cuestión sobre la concordancia con el sudario de Turín; en todo caso, el aspecto de dicha reliquia es fundamentalmente conciliable con ambas versiones. Finalmente, Juan nos dice que Nicodemo llevó una mixtura de mirra y áloe, ‘unas cien libras’. Y prosigue: ‘Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos’ (19, 39s).” (Pgs. 265, 266).

 

*) Precisiones sobre ese relato de la mortaja de Jesús, que vieron Pedro y Juan:

  1. a) En primer lugar, observo que Vd., Sr. Ratzinger, al hablar del “sepulcro vacío” (pg. 269), usa el texto de Juan 20:1-3; pero, en su relato del punto anterior sobre el entierro y la mortaja de Jesús, Vd. suprime la continuación de ese texto de Juan; es decir, suprime el texto de Juan 20:4-8 (que he copiado más arriba en negrita); precisamente donde Juan explica cómo era la mortaja de Jesús después de la resurrección, la cual fue, para los apóstoles, un testimonio tan concluyente sobre la resurrección de Jesús, que Juan dice que, cuando entró al sepulcro, “vio y creyó”; y, para los que creemos en lo que dice Juan, sigue siendo igual de importante; por esto, le pregunto: ¿por qué ha suprimido Vd. ese relato de Juan 20:4-8 en su segundo libro sobre Jesús de Nazaret, cuando habla de la mortaja de Jesús en la pg. 266? En el relato de esta página 266, Vd. dice:

“Mientras los Sinópticos hablan simplemente de una sábana, en singular, Juan habla de “vendas” de lino (cf. 19, 40) en plural, […]. Aquí no entramos en la cuestión sobre la concordancia con el sudario de Turín; en todo caso, el aspecto de dicha reliquia es fundamentalmente conciliable con ambas versiones.”

  1. b) Como explico más arriba, la “sábana” (en griego: sindo¿na, es un nombre singular femenino) y los “pedazos de lienzo” (las “vendas” de lino, que Vd. dice), (en griego: oµqoni¿oij, es un nombre plural neutro); Y Vd. dice: “el aspecto de dicha reliquia es fundamentalmente conciliable con ambas versiones.” Es decir, Vd. pretende que sean conciliables un “nombre femenino singular” y un “nombre neutro plural”; o sea, que ambos nombres se refieran al mismo objeto: la sábana. Ahora bien, ¿cómo podemos probar que la palabra sábana, además de ser un nombre femenino singular, es también un nombre neutro plural? Mire, Sr. Ratzinger, soy casi tan mayor como Vd.; y los dos sabemos que ni en el griego clásico ni en el griego bíblico es posible hacer ese malabarismo gramatical; y menos teniendo en cuenta ese pasaje de Juan 20:4-8, que Vd. ha suprimido en su relato. Por favor, no trate Vd. así el texto de los Evangelios.

 

  1. c) Por otra parte, ya hemos visto, al hablar del embalsamamiento del cuerpo de Jesús, que José de Arimatea llevó, al sepulcro, el cuerpo desnudo de Jesús y una sábana; y Nicodemo aportó las especias aromáticas; pero no dice Juan que amortajaran a Jesús con aquella sábana, sino que lo amortajaron con los mencionados “pedazos de lienzo”; mas Juan no explica de dónde sacaron esos pedazos de lienzo; tampoco dice que José y Nicodemo se llevaran la Sábana.

 

  1. d) También observamos que, al referirse Juan a lo que había en el sepulcro tras la resurrección de Jesús, sólo habla de los “pedazos de lienzo” y del “sudario”, que había estado sobre la cabeza del cadáver. El sudario (en griego: souda¿rion = sudárion) es un nombre neutro en singular; se trata de una pieza de tela de pequeño tamaño, que significa también pañuelo en Lucas 19:20.

 

  1. e) Por tanto, Juan afirma que había, en el sepulcro tras la resurrección de Jesús: los lienzos (= pedazos de lienzo) y el sudario; pero no dice que, además, estuviera allí también la sábana que había llevado José; tampoco dice que alguien se la llevara; por tanto, hay que repetir hasta la saciedad las siguientes preguntas: ¿qué pasó con la sábana?, ¿de dónde salieron los “pedazos de lienzo” y el sudario, los cuales nadie llevó al sepulcro; pero estaban allí?, ¿acaso se transformó la sábana, ella sola, en los pedazos de lienzo y el sudario? Insisto: al sepulcro sólo llevaron una sábana, la cual, tras la resurrección, no estaba allí; por el contrario, nadie llevó los pedazos de lienzo ni el sudario; pero éstos sí estaban allí; ¿cómo se explica esto? Sólo se puede explicar diciendo que la “Sábana de Turín” no fue la mortaja de Jesús, porque no estaba en el sepulcro de Jesús tras su resurrección, como es evidente en el pasaje de Juan 20:4-8, que Vd. ha suprimido en su libro.

 

7) Por mi parte, en el año 2000, publiqué el libro titulado: Jesús de Nazaret (Un personaje histórico), Grafisus, Tres Cantos (Madrid), España. En él, están resueltos, de forma concluyente, todos esos problemas de la cronología de la vida de Jesús mencionados en esta carta. Y los pude resolver, porque lo que dice cada evangelista es verdad; y lo que dice la Biblia es verdad; así lo dijo Jesús, refiriéndose a su Padre: “[…] tu palabra es verdad.” (Juan 17:17).

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Por otra parte, en su primer libro sobre Jesús de Nazaret, pgs. 269-270, fundándose Vd. en la Historia de la Iglesia, III, 39, de Eusebio de Cesarea, atribuye la autoría del Evangelio de Juan, no al apóstol Juan, sino a otro Juan, que Eusebio llama el “presbítero Juan”.

Ahora bien, si Vd. analiza el texto griego de Eusebio, se dará cuenta que ese “presbítero Juan” (como distinto de Juan el apóstol) es un invento de Eusebio; no porque se equivocara al comentar el escrito de Papías, en el cual está bien claro que Papías sólo habla de un Juan, que es el apóstol, sino porque los escritos del apóstol Juan: su Evangelio, su primera epístola y el Apocalipsis muestran claramente la divinidad de Jesús de Nazaret; pero, como Eusebio de Cesarea era arriano, trata de quitar, al apóstol Juan, la autoría de esos escritos, para atribuirla a un inexistente “presbítero Juan”; para, así, quitar el fundamento apostólico a esos escritos del apóstol Juan.

Dada la autoridad de Eusebio de Cesarea, muchos escritores han sido engañados por él, desde cuando escribió su Historia de la Iglesia en el siglo IV hasta la actualidad.

Por eso, en el libro que estoy preparando titulado: Jesús de Nazaret II (Su Persona y sus obras), está resuelto este asunto de forma concluyente; de manera que cada uno queda en el lugar que le pertenece en la historia: el apóstol Juan (autor de sus escritos mencionados), en el cristianismo; y Eusebio de Cesarea (inventor del “presbítero Juan”), en el arrianismo; donde están los que aceptan el Concilio de Calcedonia, del año 451.

Atentamente.

                                               Pedro de Felipe