LA SEMANA SANTA DE 2016 JUDAS ISCARIOTE ( I )

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Con relación a la Semana Santa, voy a publicar dos artículos sobre Judas Iscariote, por la participación que tuvo en los acontecimientos de aquella semana en la cual murió Jesús de Nazaret en el año 30.

(SU FILOSOFÍA ACERCA DE LOS POBRES)

A veces, oímos decir que alguien es "más papista que el Papa" o "más monárquico que el rey". Ahora parece que anda por ahí una especie nueva en ese orden de cosas; una especie de individuos que se creen que son "más buenos que Dios"; éstos son los más peligrosos; pero, como no hay nada nuevo debajo del Sol, descubrimos que esta especie ya existía hace milenios; a ella pertenecía, nada más y nada menos, que el tristemente célebre Judas Iscariote. Este Judas era el que se ocupaba de las flacas finanzas del grupo de Jesús y sus discípulos; es decir, el que tenía la bolsa y, por tanto, el que pagaba los gastos del grupo y, a veces, daba "algo a los pobres" (Juan 13:29). Debido a este cometido, no causaba extrañeza que Judas procurara que ingresara, en dicha bolsa, la mayor cantidad posible de dinero, como podemos ver en el siguiente relato:

"Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? […]. Entonces Jesús dijo: Dejadla; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis." (Juan 12:1-5, 7-8).

Si tenemos en cuenta que, en aquella época, el salario de un obrero era un denario al día (Mateo 20:2), resulta que los "trescientos denarios”, que valía el perfume (según Judas), equivalían a lo que podía ganar aproximadamente un obrero en todo un año de trabajo.

Tres son las personas que intervienen en ese relato: María, Judas y Jesús. María actúa movida, al parecer, por agradecimiento a Jesús por haber resucitado a su hermano Lázaro. Judas sale en defensa de los pobres; esto, al parecer, era una actitud tan loable que convenció a los demás discípulos, pues no sólo ninguno le contradijo, sino que se pusieron a recriminar a María por su acción; pero Jesús salió en defensa de María diciendo: Dejadla (en plural), y en contra de la filosofía de Judas, de forma que da la impresión que Judas se preocupaba más de los pobres que Jesús; es decir, que, a todas luces, aparece Judas como siendo "más bueno que Dios" (puesto que, según el apóstol Juan, autor de este relato, Jesús era "... el verdadero Dios, ..., 1ª Juan 5:20). No hay duda de que, según ese relato, Judas fue el único, en aquella ocasión, que pensaba en los pobres y los quería ayudar dándoles nada menos que lo que ganaba un obrero en todo un año de trabajo.

Muchos y de muy variada índole fueron los hechos que tuvieron lugar después de ese acontecimiento hasta que Juan escribió ese relato muchos años después de aquel suceso. Juan, que era muy joven cuando Judas salió en defensa de los pobres, fue arrastrado por la filosofía del Iscariote acerca de los pobres; mas, con los acontecimientos que sucedieron después en relación con Judas, tuvo tiempo para aprender a no fiarse de las apariencias, para darse cuenta de las intenciones que puede haber detrás de las bellas palabras de un discurso a favor de los pobres, de los indigentes, etc.; y, al final, a la hora de redactar ese relato en su evangelio, Juan lo dijo, para, así, desenmascarar a todos los Iscariotes, que quieren que, por medio de sus discursos a favor de los más necesitados, la gente vea y crea que son "más buenos que Dios", y obre en consecuencia a favor de ellos, y los eleve al puesto que ocupaba el Iscariote: a disponer de la bolsa. Juan descubre así las intenciones de Judas; he aquí sus palabras:

"¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Dejadla; […]." (Juan 12:5-7).

Vemos que Juan explica claramente el itinerario que habrían seguido los "trescientos denarios" de haberse vendido aquel perfume: habrían ido a la bolsa que llevaba Judas, de donde éste, como "era ladrón", habría sustraído, para sí, parte de ese dinero. Por esto, aunque en el mismo momento del hecho, Judas convenció a sus condiscípulos con su cínica verborrea demagógica, a Jesús no lo convenció, porque Jesús veía las intenciones fraudulentas de Judas Iscariote, y de todos los Iscariotes, como lo dice el mismo Juan:

"Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre." (Juan 2:23-25).

Por tanto, como Jesús sabía lo que había en la mente de Judas, el Iscariote no pudo confundirlo con su filosofía demagógica acerca de los pobres. Pocos días después del acontecimiento de los trescientos denarios, el mismo Judas demostró que lo que le interesaba no eran los pobres, sino el dinero; por esto, estaba decidido a convertir en dinero no sólo aquel perfume, sino todo lo que fuera posible, hasta tal punto que, sabiendo que los dirigentes de Israel habían decidido matar a Jesús (Juan 11:45-53; 12:9-11), se presentó a ellos y les dijo:

"¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle." (Mateo 26:15-16).

 

Tras haber celebrado Jesús la cena de la pascua (su última cena), fue "a un lugar que se llamaba Getsemaní". Allí se presentó Judas al frente de un grupo armado, de parte de los dirigentes de Israel, y prendieron a Jesús (Mateo 26:47-50). He ahí adonde fue a parar Judas, el que daba la apariencia de estar preocupado por los pobres, el que pretendía atender las necesidades de ellos, el que, con su filosofía y verborrea demagógicas acerca de los pobres, aparecía a su auditorio como "más bueno que Dios". ¡Lástima que esa especie de demagogos no se haya extinguido ya! Esa especie que se sirve de los pobres para llegar hasta la bolsa y meter la mano en ella. Procuremos librarnos de ellos. Entre tanto, les dedicamos este sonetillo:

JUDAS Y LOS POBRES

¡Ay!, Judas, que te creías,

de los pobres, protector,

y, para paliar su dolor,

ayudas les ofrecías.

Tú, que la bolsa tenías,

siendo el administrador,

con aparente candor,

a los gastos atendías.

Mas tú la mano metías

y de la bolsa robabas,

porque eras robador.

De los pobres te servías,

y, a muchos, tú engañabas,

porque eras un traidor.

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Este artículo fue publicado en marzo de 2016 en La Prensa de la Comarca, Colmenar Viejo (Madrid).