¿Qué fue del Plan de Revitalización del casco antiguo?

Fernando Colmenarejo García

Cultura
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“Estimados vecinos de Colmenar Viejo: Ante todo, Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo”. 
¿Qué fue del Plan de Revitalización del casco antiguo?
A la memoria de Fernando Colmenarejo Berrocal, que soñó con un proyecto de desarrollo para Colmenar Viejo. 
Con el encabezamiento de este artículo, en plena campaña preelectoral, el equipo de gobierno del Partido Popular de Colmenar Viejo se dirigía a toda la población con motivo de la presentación del Plan de Revitalización del casco antiguo. Un casco que consideraban “olvidado”, y que, por ello, había que “devolverle la vida, tanto sociocultural como económicamente”.

Su presentación tuvo lugar el 19 de enero de 1996 en el salón de actos del Ayuntamiento. Estaba dirigido a los comerciantes y hosteleros, especialmente a los que regentaban sus negocios en el centro urbano, buscando un nuevo estímulo económico capaz de ofrecer “las tradiciones, monumentos y productos típicos” a los vecinos y, por supuesto, a los turistas. En definitiva, había que recuperar la cabecera de comarca, que nunca debió perder.

 

Vista parcial de la plaza del Pueblo con la torre de la basílica parroquial al fondo. Dibujo de TATO con el que se ilustraba el Plan de Revitalización del casco antiguo. Una imagen idílica de un Colmenar Viejo que se fue desfigurando poco a poco

El proyecto constaba de seis puntos básicos. El primero de ellos comenzaba con la creación de una Oficina de Turismo, tratándose de uno de sus pilares argumentales al Vista parcial de la plaza del Pueblo con la torre de la basílica parroquial al fondo. Dibujo de TATO con el que se ilustraba el Plan de Revitalización del casco antiguo. Una imagen idílica de un Colmenar Viejo que se fue desfigurando poco a poco fijarse como un auténtico foco comarcal de interés turístico. Su servicio se desarrollaría provisionalmente en la Casa de la Cultura, dotándola de la infraestructura adecuada, además del personal necesario para el desarrollo de sus funciones. Unas funciones centradas en la información al visitante de todo lo relacionado con la localidad.

El segundo punto consistía en la creación de un mercadillo de artesanía durante los primeros domingos de cada mes, con objeto de potenciar la artesanía local y las tradiciones populares, donde los artesanos tendrían un papel destacado. Un aspecto ciertamente discutido por otros comerciantes, al ver que ahí podría encontrarse una competencia desleal. Con todo, según recogió La Comarca, en la segunda quincena de enero de dicho año, la idea del mercadillo estribaba más bien en la posibilidad de crear un “rastro” todos los fines de semana, dando, eso sí, prioridad a los comerciantes de la localidad, y, en segundo lugar, al resto de la comarca.

La creación de un museo taurino se recogía en el tercero de los puntos, aunque aún no se había fijado su ubicación. Era obvio que se buscaba la recuperación de la tradición taurina, donde las peñas y los aficionados, en general, tendrían cabida en su promoción.

El cuarto punto se centraría en la potenciación de las actividades socioculturales en la plaza del Pueblo y sus alrededores. Es decir, dar un mayor espaldarazo a las tradiciones de su ciclo festivo, como las fiestas de “La Vaquilla” y “La Maya”, junto con otros eventos que se venía desarrollando.

En quinto lugar se proponía una cuestión más compleja: la ordenación del tráfico en la plaza del Pueblo, peatonalizándose durante los fines de semana, a lo largo del eje de la calle del Estanco y su prolongación con la calle de la Feria. Para ello se facilitó un plano con varios emplazamientos próximos, aprovechándose los solares libres de construcción.

Por último, se pondría a disposición de los vecinos un buzón de participación ciudadana, de manera que se pudieran recoger todas las sugerencias posibles para incidir en el desarrollo del proyecto.

Fernando Colmenarejo Berrocal y César de la Serna Moscol, como concejales de Medio Ambiente y de Hacienda, respectivamente, fueron entrevistados por La Comarca, poco después de la presentación del Plan, reconociendo Colmenarejo Berrocal que la idea respondía fundamentalmente a una iniciativa de su compañero de la Serna, y que para la oferta turística habría que acogerse al supuesto “plan ambicioso” de turismo rural de la Comunidad de Madrid, recogiendo en los planes de inversiones la posibilidad de convertir a la torre y al coro de la iglesia en un museo.

Colmenarejo Berrocal explicitó que el comercio local en el centro venía atravesando una crisis, y que el hecho de deteriorarse la plaza del pueblo fue como consecuencia de perder la tradición de bajar los vecinos a la misma durante el domingo para ir a misa y “dar una vuelta”. César de la Serna puntualizó que Colmenar Viejo no renunció en ningún momento a su interés turístico; sin embargo, lo que había sucedido es que no se llegó a potenciar dicho interés, máxime al destacar su iglesia, sus edificios antiguos, incluso los toros, con su término municipal. Había que pensar, por tanto, según sus palabras “en esos cuatro millones de madrileños que viven en Madrid, en una ciudad muy confusa, y que todos los fines de semana proyectan salir al campo y encontrar un ambiente más relajante”.

Fernando Colmenarejo Berrocal. La Comarca, segunda quincena de junio de 1996

 

Desgraciadamente, Colmenarejo Berrocal falleció poco antes de cumplirse los cinco meses de la presentación del Plan, el 17 de junio. Podríamos hacer un ejercicio de historia contrafáctica, suponer qué habría ocurrido de no haber fallecido el concejal, pero eso nos llevaría a elucubraciones, no por ello menos interesantes para reflexionar en profundidad sobre ello. De momento, aportaré una visión sobre lo sucedido en cada uno de los puntos propuestos en dicho Plan, aunque consciente que cada uno de nosotros también nos llevaría a reflexiones muy divergentes, pero necesarias.

A ese Plan de Revitalización contestamos Miguel Ángel de Andrés y un servidor sobre el momento de su idoneidad y otras tantas circunstancias, haciendo constar que la plaza del Pueblo había perdido su esencia destacada para el ocio de los colmenareños, especialmente a partir de los años ochenta. Su especialización se centraba, y aún lo sigue haciendo, en “el trajinar laboral de ciertas actividades económicas y municipales, que finalizaban a las tres de la tarde del viernes”. Había que tener en cuenta que los pueblos se encontraban en continua transformación, y Colmenar Viejo no se quedaba a la zaga, donde los cambios había que tenerlos muy en cuenta en los diseños de los Planes Generales de Ordenación Urbana, donde, necesariamente, las periferias se convertirían también en centros neurálgicos, como ya comenzaba a despuntar el centro comercial de “El Mirador”, tratándose de una referencia para el comercio, ocio y esparcimiento, completándose con la plaza de Los Arcos. Se desplazaba, por tano, con más ahínco el comercio y esparcimiento a la zona norte, dándose la espalda poco a poco al casco antiguo, a pesar de crearse un pequeño centro comercial en la afamada calle de la Feria.

Las actividades programadas para la revitalización del casco histórico, a partir de 1996, se insuflaron de forma artificial, constituyendo un rotundo fracaso por el devenir histórico del municipio, pero especialmente porque la corporación municipal de entonces y las posteriores arrojaron el papel de su contenido a la basura. Ello debe entenderse así a raíz de lo sucedido. Nacía una época que acababa con un modelo comercial y de esparcimiento que ya no tenía sentido, máxime ante un fuerte desarrollo demográfico, promovido por un agresivo sector de la construcción, que ofertaba confort y una mayor calidad de vida frente a las posibilidades del centro. Un centro cuyo último cine, el San Lorenzo, se convirtió primero en la moda del momento, en sala de bingo, y después en un intento de atracción a la juventud como sala de baile. Las calles estrechas continuaron compartiéndose entre viandantes y vehículos, además de no ofrecerse una potente oferta turística, y cuando se hizo para determinados proyectos, éstos no llegaron a tener una mejora promocional; de manera que los pequeños comercios del callejero del casco histórico que se cerraban volvían a abrirse con firmas diferentes para volverse a cerrar y abrir nuevamente, a excepción de varios de ellos que se mantenían a duras penas. En fin, como he dicho, podemos repasar lo sucedido con cada uno de los puntos, pero insistiendo en que su análisis nos llevaría a un desarrollo y discusión mayor.

Punto primero. La creación de una Oficina de Turismo.

Y se creó, ya lo creo que se creó, aunque costó hacerlo algo más de un año y medio después de la presentación del Plan, en septiembre de 1997. Se hizo de manera provisional en la Casa de la Cultura, con el apoyo de la Universidad Popular Municipal, cuyos técnicos desarrollaron varias rutas turísticas para conocer el “arroyo de Tajada, los puentes, molinos y batanes, y el toro bravo en el camino de Pedrezuela”. Recuerdo la emoción de su concejal de Comercio e Industria, Pedro Barrús. La Oficina no contó con objetivos a largo plazo, manteniendo su actividad en horario poco convencional, hasta su instalación en la posterior Casa Museo, que trataré en el desarrollo del punto tercero.

Un momento durante la Inauguración de la Oficina de Turismo en la Casa de Cultura Pablo Ruiz Picasso, septiembre de 1997. Pedro Barrús, concejal de Comercio e Industria por el Partido Popular, recogiendo la información promocional turística preparada para el evento

 

Punto segundo. La creación de un mercado de artesanía.

Con la reciente creación de la asociación de artesanos se pretendía dar el empuje al mercadillo. Su arranque tuvo lugar a lo largo de los cuatro primeros días de mayo de ese año, pensando en su mantenimiento posterior durante los primeros fines de semana de cada mes. El centro se cerraría al tráfico para facilitar su éxito, contando con un total de 25 casetas.

Con todo, dicho mercadillo artesano quedó relegado a la celebración de determinados eventos, teniendo su mayor impulso durante las fiestas navideñas, complementándose con un plato fuerte, como fue el Auto de los Reyes Magos. Dicho evento teatral sí que promovió el nombre de Colmenar Viejo más allá de su comarca, llenando sus calles de visitantes. Su explicación nos llevaría a una discusión amplia y compleja.

No obstante, en esa promoción de la localidad debe relacionarse las extraordinarias representaciones del Belén Viviente y la Pasión, en el entorno de la basílica parroquial, ambos eventos protagonizados por una fuerte participación vecinal. Es preciso anotar que los planes de revitalización del centro histórico descansaban, en gran medida, en la colaboración de las asociaciones y los técnicos de cultura, si bien, éstas fueron languideciendo hasta su desaparición definitiva, y lo mismo cabe decir de aquellos funcionarios que expusieron lo mejor de su trabajo, pero que fueron amortizándose sus puestos de trabajo, a medida que éstos se iban jubilando, de manera que los recursos humanos disponibles, incluyendo la participación vecinal, a la que tanto protagonismo se quiso dar, fueron disminuyendo hasta acabar prácticamente con ello.

La primera Feria de Artesanía en la Plaza del Pueblo, coincidente con la festividad de la Comunidad de Madrid y “La Maya”, en mayo de 1996. Gran éxito de público, aunque los artesanos se sintieron satisfechos más que por las ventas, por el mero hecho de darse a conocer contribuyendo a la revitalización del casco antiguo 

 

Punto tercero. Creación de un museo taurino

El museo taurino no se creó como algo individualizado, sino que formó, y forma, parte de una de las salas del Museo de la Casa de la Villa. Un museo que, por cierto, vino catorce años después del Plan de Revitalización, en noviembre de 2010, a pesar de su demanda popular desde el inicio de los ayuntamientos democráticos. Comenzó con mucho ímpetu, promocionando el entorno histórico del pueblo y sus yacimientos arqueológicos, incluyendo las demostraciones de pastoreo y, por supuesto, la plantación de vides en la dehesa de Navalvillar, con gran acogida en los colegios de la localidad.

Su desarrollo se debió a la profesionalidad y a la extraordinaria labor de algunos de sus responsables, como Blas Morera, profesor de cerámica de la extinta Universidad Popular Municipal. Sin embargo, poco a poco, y a medida que fueron amortizándose las plazas de sus funcionarios, se fue anquilosando el local hasta convertirse en una suerte de contenedor de objetos, tras su privatización final. Podría decirse que con esa nueva estrategia, a raíz de los resultados obtenidos, se ha abofeteado no sólo al Patrimonio sino que ha dado la espalda completamente al modelo de revitalización soñado.

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Inauguración de la Casa Museo de la Villa, el 22 noviembre 2010. En una de sus salas se instalaría, poco a poco, el museo taurino, complementándose con la Sala José Villán, en la Casa de la Cultura Pablo Ruiz Picasso

 

Punto cuarto. Potenciación de las actividades socioculturales en la plaza y sus alrededores.

En este punto hay que anotar que la plaza del Pueblo venía a ser el escenario por excelencia de la realización de actividades de su ciclo festivo. Es decir, se trataba de mantener las actividades que se venían desarrollando. A destacar, por tanto, al margen de los festejos patronales, todo lo referente lo referente a sus tradicionales fiestas de “la Vaquilla” y “la Maya”, calificadas de interés turístico nacional y regional, respectivamente. También se contaba con la demostración del esquileo, cuya puesta en marcha fue gracias a la Peña El Desastre, “traspasando” la actividad poco después a la asociación cultural el Pico San Pedro. Bien es cierto que los medios de comunicación acentuaron la difusión de algunos de estos eventos, especialmente en sus primeras ediciones, contando también con la promoción institucional al programar los concursos fotográficos sobre su desarrollo. No obstante, las estrategias de su “potenciación” fueron endebles, más aún en la festividad de “la Maya”, que ha derivado hacia una menor afluencia de “mayas” y de público, acosada por la fecha de su celebración, a lo largo del puente de mayo. Además, en este sentido habría que recordar a los gestores municipales que no deberían sacar la programación del año anterior para programar la del siguiente, pues las programaciones repetitivas son las mejores aliadas para desinteresar al público. Más aún en una sociedad tan vorágine de cambios y transformadora.

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La fiesta de “La Vaquilla” continúa siendo una de las manifestaciones más populares y participativas del ciclo festivo local, aunque por debajo del Carnaval. El cambio de la fecha de su celebración, el 2 de febrero por la del último sábado del fin de semana de enero, junto con otros cambios introducidos en la cuestión de género, indican claramente que nos encontramos ante una importante transformación de su población

 

Punto quinto. La reordenación del tráfico en la Plaza del Pueblo.

La clave sobre la que descansaba el proyecto de revitalización podría decirse que se encontraba, en gran medida, en la reordenación del tráfico en la plaza del Pueblo, mediante la planificación de un cinturón de aparcamientos en sus proximidades, aprovechando las zonas sin construir. Un proyecto que ya se había planteado antaño, en la década de los años setenta por la extinta Asociación de Vecinos, pero que se encontró con el rechazo absoluto de los dueños de los locales de su entorno.

La peatonalización del casco antiguo se planteó con cierta ligereza. Creo que nunca ha habido verdadera intención de hacerlo. A las pruebas me remito. Si en la década de los años veinte del siglo pasado los concejales quisieron dejarnos un elemento simbólico de su embellecimiento, como fue la farola, en el otoño de 2008 se abordó el mayor proyecto de su reordenación, vaciando todo el subsuelo para la construcción de un aparcamiento, sumándose a los de la calle de la Feria, en el centro comercial del mismo nombre, y al de la calle del Real, para el servicio de los clientes de una firma comercial.

La actual plaza del Pueblo combina, por tanto, la circulación de los viandantes con el tráfico rodado, del que nunca quiso librarse. Aunque, como expusimos en su momento, en palabras de Theo Crosby, “el tráfico no es lo más importante. Lo importante es cómo vive la gente”. Pues eso, preguntemos a sus habitantes cómo viven, cómo valoran su calidad de vida.

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Octubre de 2008. Las obras en la plaza del Pueblo. El vaciado de su subsuelo para la construcción de un aparcamiento, unido al reajuste de su espacio para combinar el tráfico peatonal con el de vehículos demuestra que el proyecto sobre el que descansó esencialmente el Plan de Revitalización del casco antiguo quedó en papel mojado

 

Punto sexto. Buzón de participación ciudadana.

Hacía tiempo que un equipo de gobierno no solicitaba tan efusivamente la colaboración vecinal, como requisito básico para lograr su objetivo, y es que el proyecto de revitalización descansaba esencialmente en “la colaboración de todos los comerciantes y vecinos de Colmenar Viejo”. Una colaboración que podía ejercerse “a través del buzón de participación ciudadana o participando activamente en todas las actividades que se realizasen en el pueblo”.

No podemos evaluar su resultado por desconocer si la colocación de dicho buzón consiguió su propósito. Con todo, La Comarca dio a conocer dos propuestas durante la presentación del Plan, relativas a la cuestión del tráfico, facilitando a los vehículos el acceso directo al centro del pueblo por varias calles, dejando a la plaza y la zona aledaña a la iglesia al mismo, además de facilitar la creación de un rastro durante los fines de semana, en lugar del mercado artesano proyectado, dando prioridad a los comerciantes locales. La segunda propuesta partió del propietario de una cafetería aledaña al actual parque Santiago Esteban Junquer, proponiendo mejorar su iluminación e instalando juegos infantiles y una terraza merendero, además de la posibilidad de desarrollarse todo tipo de actividades. La afortunada reordenación de dicho parque en una zona tan próxima a la plaza del Pueblo, en septiembre de 2010, es decir, catorce años después de la presentación del Plan, no es que indique parsimonia en su desarrollo, sino que, en mi opinión, el grupo político que lo concibió lo dejó completamente guardado en algún despacho.

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La participación vecinal a través de las asociaciones ha sido, y continúa siendo, una constante en el desarrollo sociocultural de Colmenar Viejo. Otra cosa es que a éstas se las mida con rigurosa igualdad. Más aún, la negativa a las propuestas o alternativas sobre determinadas cuestiones, incluyendo las de los grupos políticos, se han rechazado por norma en multitud de casos, alejándose así de la posibilidad de conseguir objetivos más amplios. Por poner algunos de los muchos ejemplos más recientes: el colectivo ciudadano surgido en defensa de la plaza de toros sufrió un duro rechazo a sus propuestas. Tanto fue así que ante dicha cuestión tuvo que responder la directora general de Patrimonio de la Comunidad de Madrid en una de las reuniones mantenidas en la Asamblea de Madrid. Asimismo, la asociación cultural “Colmenar Viejo. Tierra de cine” mostró su interés por ofrecer un turismo cinematográfico en la dehesa de Navalvillar, aprovechando otros recursos Patrimoniales, caso de sus yacimientos arqueológicos visitables. Sin embargo, lo sucedido durante el mes de julio de 2020 con el derribo del decorado que se muestra en esta imagen, perteneciente al decorado de la película de Víctor Matellano, “Stop over in hell. Parada en el infierno” , alegándose causas infundadas, y a pesar de la voluntariedad de dicha asociación para la realización de actividades didácticas y promocionales, como recuerdo al importante desarrollo de la industria cinematográfica en este espacio, demostró no solo lo expuesto anteriormente, sino la falta de perspectivas turísticas para el municipio 

 

 

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Cartel informativo y un momento del acto celebrado el 9 de marzo de 2019 con motivo de la celebración 70 aniversario del Cine San Lorenzo, organizado por la asociación cultural “Colmenar Viejo. Tierra de cine”. Todos los partidos políticos recogieron en sus programas electorales la idoneidad de recuperar el inmueble, como espacio histórico y multifuncional para la recuperación del caso antiguo

 

En resumidas cuentas

Indudablemente la evaluación del proyecto del Plan de Revitalización del casco antiguo requiere un análisis de mayor calado. Aquí tan solo se han expuesto unas breves referencias y observaciones, con seguridad incompletas, aunque buscando una doble pretensión. En primer lugar, a modo de homenaje, recordar a nuestro querido Fernando Colmenarejo Berrocal, quien verdaderamente creyó en la posibilidad de dar una vuelta de tuerca a la situación que atravesaba el centro neurálgico del pueblo. En segundo lugar, la necesidad de debatir sobre el casco histórico, así como con todo lo relacionado con el urbanismo, la calidad de vida y la proyección turística del municipio.

 

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El diario “YA”, en su número correspondiente al 21 de febrero de 1974, publicó esta fotografía con el siguiente texto: “Aunque el crecimiento poblacional se dirija hacia el Norte, Colmenar Viejo mantiene esa estampa de pueblo castellano”. Por entonces, la población de hecho no llegaba a los 16.000 habitantes, aunque ya venía transformándose drásticamente su topografía urbana. A pesar de las recomendaciones recogidas en el documento para discusión y debate de COPLACO, en 1981, como base para los posteriores Planes Generales de Ordenación Urbana, éstos no tuvieron la suficiente fuerza para contrarrestar la especulación del ladrillo. Su transformación urbana venía acompañada de los cambios sociales y, por tanto, de sus costumbres. Cambios que modificarían su nuevo estilo de vida, como así ocurrió con el de nuestros antepasados, allá por el siglo XIII. Lo dicho, los pueblos se encuentran en continua transformación, de manera que no se puede planificar a bote pronto, sino de pensar en cómo mejorar su calidad de vida, equilibrando con rigurosidad sus servicios y donde las tradiciones necesariamente se amalgaman con los cambios introducidos por una sociedad multicultural

 

Dese luego, el casco antiguo de Colmenar Viejo es eso, algo antiguo, a pesar de la “modernización de sus inmuebles”. Una modernización que, precisamente, no sólo ha desnaturalizado su sentido histórico y, por tanto, su valor patrimonial y turístico. Bueno, lo de turístico, ya me entendéis, es un claro eufemismo. Y es que ya lo adelantó Julio Caro Baroja un 2 de febrero de principios de la década de los años ochenta del siglo pasado, poco antes de dar lectura a su pregón de la fiesta de “la Vaquilla”. De hecho, nos sorprendió cuando nos peguntó a quién se le había ocurrido la idea de construir algo tan horrible, señalando a la entonces fachada del banco de Santander, en la plaza del Pueblo esquina calle de la Feria. Naturalmente, un Plan de Revitalización debería hacer hincapié en el cuidado de su urbanismo y el tratamiento dado a las fachadas de sus inmuebles, aunque, con seguridad, se me responderá que así se viene haciendo. Sin embargo, invito a evaluar seriamente el paisaje urbano, y especialmente el de la plaza del Pueblo, esa que se pretendió revitalizar, donde, por poner un ejemplo, la publicidad de una firma comercial oculta la belleza de lo que fue la arquitectura urbana.

En definitiva, ¿podemos revitalizar el casco antiguo? Por revitalizar, claro que se puede y se debe, aunque la cuestión no debería centrarse exclusivamente en el interior de su perímetro, sino que dicha revitalización debería alcanzar a toda su población, incluyendo, claro está, a todo su término municipal, también seriamente dañado especialmente en lo referente a sus muros tradicionales de piedra en seco. Y en ello sí que todos tenemos una responsabilidad. En fin, querido Fernando Colmenarejo Berrocal, tu Plan no es que se desarrollase y perpetuase con mejoras promocionales, sino que todo quedó en un sueño. Un sueño del que este pueblo necesita despertar, si es que quiere mejorar su calidad de vida.

 

Parte de la información en:

La Comarca. Publicación independiente de Colmenar Viejo y su Comarca. Ediciones de 2ª quincena de enero, 2 quincena de febrero, 1ª y 2ª quincena de abril y 1ª quincena de junio de 1996.