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Jue, Feb
Miércoles, 28 Diciembre 2022 11:11

NI A MARTE

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Nada más crecer, caí en tus precisas manos,
como un regalo ya recibido,
no oxidado pero sí conservado.

Tu inocencia me rejuveneció mis cristales.
Aunque tus dedos  me trataban con cautelo.
Por miedo o por manazas.

Es difícil vislumbrar
si no se conoce la noche llena de luciérnagas.
Si no entiendes de cometas y planetas.
Si no tienes, otra mano que te guíe.

A medida que crecías, observábamos:
Ventanas con frutos llenas de flores.
Ventanas de plata recubiertas de amor.
Estrechas avenidas vacantes de pasos.
Bancos tallados de dictados y farolas frías.

Puertas añejas que escondían palacetes rústicos.
Pomos deshilachados del poco uso.
Árboles en todas sus estaciones.
Y, humanos en sus quehaceres.

Te dejaste llevar, a donde yo alcanzaba a mirar.
Fui algo más que tus ojos de lejos.
Te mostré realidad y no ilusiones ópticas.

Y a pesar de que el tiempo pase, sé que hoy es diferente.

Conocimos partes de la tierra, sabiendo que el cielo se nos escapaba.
Ni a Marte llegamos a conocer.

Y aun así, sé que tú le miras todas las noches,
que tus ojos se emocionan sin mí.
Que tú sientes lo que yo solo observo.
Que aunque no entiendas de estrellas, las miras con ilusión.
Sabiendo que tanto el éxito como el fracaso nos enseñaran algo más que aprender.

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