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Sábado, 19 Marzo 2022 20:01

POR UNA LEY DE GRANDES SIMIOS.

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El 25 de junio de 2008, la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados de España, acordó aprobar la Proposición No de Ley sobre el Proyecto Gran Simio recogida  en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados Nº 48 de la citada fecha, en la que entre otras cuestiones relacionadas con Proyecto Gran Simio, se acordaba en su apartado 2:

“(…) en el plazo máximo de un año a partir de esa adhesión al Proyecto Gran Simio se lleven a cabo los trámites para la adecuación de la legislación española a los principios del proyecto Gran Simio, para establecer la prohibición expresa de la  experimentación o la investigación cuando se cause daño a los simios y no redunde en su beneficio, garantizando, por tanto, que no se generalicen las prácticas que hoy existen de malos tratos y de experimentación con los chimpancés en aquello que no nos atrevemos a hacer con humanos, aprovechando esa coincidencia genética con ellos; se establecen condiciones rigurosas en ambientes óptimos para su desarrollo, para su tenencia o custodia, siempre con propósito de conservación, la prohibición de la tenencia con fines comerciales o en cualquier tipo de espectáculo, así como un tipo penal agravado para los casos de comercio, tenencia ilegal o maltrato de simios”.

(…)

“Se requiere el impulso y la necesidad de emprender las acciones necesarias en los foros y organismos internacionales que procedan para la protección de los grandes simios del maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y la extinción”.

A fecha actual, la Dirección General de Derechos de los Animales, dependiente del Ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030, contempla dentro de los desarrollos normativos fijados para el período 2022-2023, una Ley de Grandes Simios.

Esta iniciativa legislativa consagraría por vez primera en un texto normativo, los principios inspiradores del Proyecto Gran Simio relativos a la defensa y protección de los simios, situando a España, de la mano de la Dirección General, a la vanguardia a nivel mundial de la defensa de los homínidos no humanos.

 

La propuesta no es caprichosa ni excéntrica como pudiera llegar a pensarse sino que responde a criterios científicos y especialmente neurológicos ampliamente contrastados. Los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes, representan las especies vivas más próximas a nuestra especie, desde el punto de vista de su parentesco filogenético. Las similitudes entre nuestro genoma y el de las dos especies de chimpancé, Pan paniscus y Pan troglodytes, se ha estimado en el 99%. La similitud es del 98% en el caso de los gorilas, y se acerca a esta misma cifra en el caso de los orangutanes. La similitud genética con todos ellos es extraordinaria. 

No podemos permitir que los seres vivos más parecidos a nosotros terminen por extinguirse, simplemente por la codicia humana de poseer todas las riquezas del planeta, sin considerar el derecho a la vida de otras especies. Ese comportamiento terminaría, más tarde o más temprano, por volverse contra nosotros y es que cualquier acción humana tendente a la protección del medio ambiente y de las especies del planeta redunda en nuestro propio beneficio.

            La ciencia está teniendo la oportunidad de conocer mucho sobre nosotros mismos, precisamente gracias al estudio de los grandes simios. La normativa internacional ya defiende ciertos derechos de los animales de laboratorio, en las investigaciones biomédicas. En el pasado, los grandes simios han sido utilizados por la ciencia con la misma crueldad con la que nos tratamos entre nosotros mismos. Quizá este aspecto tan denigrante haya remitido con la normativa que se aplica en los países en los que llevan a cabo investigaciones científicas. Sin embargo, los grandes simios siguen siendo empleados para nuestra diversión en parques zoológicos, donde sufren encarcelamiento de por vida ¿Cuál ha sido su delito para ello? Se sabe que el trato que se da a estos y otros animales no puede calificarse precisamente de humanitario, hacinados, muchas veces vejados y siempre lejos de su ambiente natural.

Es tiempo de profunda reflexión sobre los daños que estamos infligiendo a nuestro propio planeta, nuestra casa. Las leyes de protección del medio ambiente (que incluye a todos los seres vivos que nos rodean) tienen que redactarse y aplicarse con firmeza, porque el futuro de las siguientes generaciones está en juego. Es un problema de educación y de toma de conciencia. 

El Proyecto Gran Simio defiende todas las especies, pero ha enfocado su objetivo en la defensa de la integridad física y moral de las especies que más se parecen a nosotros, y de las que aún tenemos mucho que aprender.

Por todo ello, manifiesto mi total apoyo a una Ley específica de Grandes Simios, que nos dignifican como seres humanos. 

            También bonobos, gorilas y orangutanes –los otros grandes simios, junto con los chimpancés- comparten con los seres humanos capacidades emocionales, cognitivas y conductuales avanzadas. Hasta el punto de que podemos sin duda considerarlos hermanos biosféricos, que no están separados de nosotros por ningún “abismo ontológico”. La expulsión de los grandes simios fuera del círculo de los seres dignos de consideración moral no está justificada.

            En el segundo decenio del siglo XXI, necesitamos una Ley de Grandes Simios que regule sus derechos básicos, que les otorgue protección legal frente a eventuales conductas infractoras y delictivas, los dignifique, preserve su especie, los reconozca como seres sintientes, proscriba su maltrato, la muerte sin causa justificada, la experimentación, su cautividad, el tráfico o su comercialización. Ha de protegerse, en especial, a los que están cautivos en zoológicos, de forma que se cumplan medidas elementales como la no separación de familias, que puedan disponer de forma continuada de entretenimiento y opciones de ejercitación, que se encuentren en espacios grandes sin cemento y con lugares donde se puedan esconder de la gente cuando quieran, que existan protocolos adecuados para fugas evitando en todo lo posible su muerte.

          Por todo lo expuesto, necesitamos el apoyo de todos los grupos animalistas y ecologistas, para que esta Ley al igual que ha pasado con la ley de protección animal que ya la tiene aprobada el Consejo de Ministros y que en breve será debatida en el Congreso, tenga un apoyo social importante ante la resistencia de algunos colectivos que emplearán todo su esfuerzo en tumbarla y ridiculizarla.

          Ya lo sufrimos en el año 2006 cuando presenté en el Congreso de los Diputados  los objetivos del Proyecto Gran Simio, organizándose un debate nacional lleno de falsedades y mentiras en muchos medios de comunicación, voceros tertulianos y algunos partidos politicos que no dejaron de mofarse, mostrando de esta forma su ignorancia e incultura ante lo que se proponía. Sin embargo a nivel internacional que también salió en los principales medios internacionales, apoyaron  los objetivos propuestos con total normalidad y seriedad científica. En 2008 cuando se aprobó la Proposición No de Ley con el que abro este llamamiento, de nuevo se originó un debate, aunque menos destructivo que en 2006. Ahora tenemos nuevamente la oportunidad con el apoyo de la Dirección General de Derechos de los Animales, que ya tiene previsto en su programa normativo fijado para el periodo 2022-2023, para que se legisle una Ley de grandes simios   y se proteja de esta forma sus derechos básicos, protección de su integridad física y moral,  cumpliendo así la Proposición No de Ley aprobada hace catorce  años.

          Todo aquel que quiera participar  en apoyo a la Ley, puede firmar en la petición abierta change.org/LeyGrandesSimios . Igualmente el que quiera recoger firmas o bajarje el Manifiesto, puede entrar en https://proyectogransimio.org/noticias/noticias-destacadas/manifiesto-por-una-ley-de-grandes-simios

          Ruego también la máxima difusión en las redes. Los homínidos no humanos (bonobos, chimpancés, orangutanes y gorilas) necesitan vuestro apoyo. Ya hemos conseguido en Argentina a nivel judicial, varias sentencias en las que una Orangután llamada Sandra del zoo de Buenos Aires y una chimpancé llamada Cecilia del zoo de Mendoza, sean consideradas “personas no humanas” y ttrasladadas a sendos santuarios. Ello ha servido para que se haya presentado demandas judiciales de otras especies como pumas, oso de anteojos, monos carayás en diversos países de latinoamérica, con sentencias a favor de ellos como “seres sintientes con derechos”.

          Apelo a la unidad animalista, ecologista y científica, para que entre todos consigamos que los grandes simios sean respetados sus derechos básicos, como miembros de nuestra familia y de la propia historia de la humanidad.

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