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Lunes, 07 Marzo 2022 13:51

Políticos mundiales responsables del cambio climático

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Llevo años denunciando en mis artículos y publicaciones, en mis conferencias y charlas, que los políticos a nivel general, son los únicos responsables del cambio climático y de las consecuencias que se derivan del mismo. Que las reuniones anuales para tomar medidas a nivel mundial, son una pantomima, un engaño a los ciudadanos y una estrategia para dar a entender que intentan hacer algo, cuando en realidad se están riendo de la sociedad. No les importa en absoluto gestionar este grave problema de la humanidad, ni que ya existan decenas de miles de muertos por no tomar las medidas necesarias y urgentes para al menos paliar en lo posible los efectos destructivos del cambio del clima inducido por el ser humano, que está afectando a miles de millones de vidas en todo el mundo.

         Un nuevo informe de Naciones Unidas centrado en los efectos del calentamiento global revela que no se están cumpliendo los compromisos para limitarlo y que los líderes mundiales han fracasado en su gestión, en su compromiso de evitar males mayores que según todos los datos científicos están por venir y en algunos lugares ya se está sufriendo sus consecuencias. Para Hoesung Lee, presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), “este informe es una grave advertencia sobre las consecuencias de no haber tomado medidas”.

         Los políticos deben dejar de echar culpa a los ciudadanos por los plásticos, por la utilización de vehículos diesel, haciéndonos pagar lo que ellos han incumplido, cuando son los máximos responsables por no poner fin a numerosos problemas que han mantenido a la población oculto y que ahora Naciones Unidas está desvelando para vergüenza de sus gestiones, que sólo están encaminadas a mantener su estatus y su sillón, pagados por los ciudadanos.

         Guterres, el Secretario General de Naciones Unidas resaltó que los mayores contaminadores del mundo son los culpables de incendiar el único hogar que tenemos. Pero para nada se habla que sean los ciudadanos los contaminadores, sino empresas y gobiernos que no ponen solución a los efectos del cambio global fomentando el uso del carbón y de otros combustibles fósiles.

         El informe aclara que ante las nefastas evidencias, es esencial cumplir el objetivo de limitar el aumento de temperatura global a 1,5ºC y la ciencia demuestra que para ello hay que reducir las emisiones en un 45% para 2030 y emisiones cero para 2050. Pero como veremos más adelante, estas emisiones no sólo lo producen los combustibles fósiles, sino numerosas actividades industriales que están fuera de cualquier convenio de reducción, ya que  las multinacionales tienen el poder sobre las políticas sociales.

         Guterres continua declarando que “Pero a la luz de los compromisos actuales, las emisiones mundiales aumentarán casi en un 14% en la década actual. Eso supondrá una catástrofe. Destruirá cualquier posibilidad de mantener vivo el objetivo de los 1,5ºC”. Hablando claro, los políticos son responsables del cambio global y debe ser un delito de lesa humanidad permitir que no cumplan sus propios acuerdos y las  advertencias de la ciencia. Ellos con echar la culpa al ciudadano, restringir el uso de vehículos viejos a las ciudades, cobrar las bolsas de plástico para que no aparezcan en el mar cuando es responsabilidad de ellos por su mala gestión y otras medidas que sólo afecta a los ciudadanos, creen que ya están contribuyendo a combatir el cambio climático global.

         Pero ahora vallamos a otro informe de Naciones Unidas que recientemente también ha sido publicado y que poca difusión se ha dado. El titular de la propia web de la ONU ya deja de por sí un escalofriante dato: “La contaminación mata nueve millones de personas al año en el mundo, el doble que el Covid 19”. Este informe revela la existencia de “zonas de sacrificio” medioambientales, lugares cuyos residentes sufren consecuencias devastadoras para su salud y ven violados sus derechos por vivir en focos de polución y zonas altamente contaminadas. Nos estamos envenenando y estamos envenenando al planeta. Pero no solo la contaminación por CO2, sino también por sustancias tóxicas que para nada se están tomando medidas o precaución en su uso. El informe nos habla que la exposición a sustancias tóxicas aumenta el riesgo de muerte prematura, intoxicación aguda, cáncer, enfermedades cardiacas, accidentes cerebro vasculares, enfermedades respiratorias, efectos adversos en los sistemas inmunológico, endocrino y reproductivo, anomalias congénitas y secuelas en el desarrollo neurológico de por vida. Una cuarta parte de la carga mundial de morbilidad se atribuye a factores de riesgos ambientales evitables. ¿Y quién lo podría evitar? Volvemos a lo mismo, los responsables políticos.

         Cada año se emiten y vierten cientos de millones de toneladas de sustancias tóxicas al aire, el agua y el suelo. La producción de sustancias químicas se duplicó entre 2000 y 2017 y se espera que se duplique de nuevo para 2030 y se triplique para 2050. ¿Qué se está haciendo desde las Administraciones mundiales para evitarlo? Nada. David R. Boyd, autor del informe, advierte que el plomo por ejemplo se sigue utilizando de forma generalizada a pesar de que se conoce desde hace tiempo su toxicidad y sus devastadores consecuencias para el desarrollo neurológico de la infancia. El plomo causa cerca de un millón de muertes al año, así como daños demoledores e irreversibles en la salud de millones de niños.

         Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas son un grupo de miles de sustancias químicas de extendido uso en aplicaciones industriales y de consumo, como la espuma  para sofocar incendios y los revestimientos hidrófugos y lipófobos de textiles, papel y utensilios de cocina. Son tóxicas y biocumulativas. Nada de ello sabemos y sin embargo está ahí, envenenando nuestra sangre, envenenando a la sociedad y no existe absolutamente ninguna medida para parar estos miles de sustancias tóxicas que afectan a la vida. La agricultura industrial también está contaminando el aire, el agua, el suelo y la cadena alimentaria con plaguicidas, herbicidas, fertilizantes sintéticos y medicamentos peligrosos. No se toman medidas. Nada. Otras industrias son la minería, la ganadería intensiva y la fundición, la industria manufacturera, el sector textil, la construcción,  la incineración de residuos que como hemos visto por la incineradora de Valdemingomez en Rivas Vaciamadrid, sus niveles de contaminantes altamente tóxicos que han sido detectados  en el entorno de la planta, son los más altos de Europa.

         La industria química de la que nadie habla y no se pone freno a la misma, agudiza la emergencia climática al consumir el 10% de los combustibles fósiles producidos en el mundo y emitir 3.300 millones de toneladas de gases efecto invernadero cada año además del envenenamiento de la población. Este demoledor informe advierte que la carga de la contaminación recae en forma desproporcionada sobre las personas, los grupos y las comunidades que ya soportan el peso de la pobreza, la discriminación y la marginación del sistema. 

         El informe habla  de las “zonas de sacrificio”, que son sitios contaminados. Se calcula que en Europa hay 2,8 millones de sitios contaminados sin que los políticos de turno hagan nada por evitarlo. Boyd revela la existencia de estas zonas de sacrificio, cuyas comunidades están expuestas a niveles extremos de contaminación y sustancias tóxicas y advierte que “El hecho de que sigan existiendo estas zonas es una mancha en la conciencia colectiva de la humanidad. Creadas a menudo con la connivencia de Gobiernos y empresas”. Boyd denuncia que las empresas deberían actuar con la debida diligencia en materia de derechos humanos y medio ambiente y respetar los derechos humanos en todos los aspectos de sus operaciones, pero asegura que existen innumerables ejemplos de empresas y multinacionales que violan el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible generando contaminación o exponiendo a las poblaciones a sustancias tóxicas y violando los derechos humanos. Y este control a las empresas debería estar legislado y vigilado por los políticos, es decir, las administraciones.

         Solamente he analizado una pequeña parte del contenido de los informes señalados. El cambio global recae en las espaldas de los representantes de los países del planeta que una y otra vez se reúnen anualmente para tomar inútiles soluciones y aparentar acuerdos que nunca se cumplen, dejando a un lado tomar medidas inmediatas en muchos de los sectores empresariales contaminantes y siendo fácil echar la culpa al ciudadano del deterioro de nuestro clima.

         Podríamos hablar de otros muchos informes científicos que advierten de la pasividad en la toma de decisiones para conservar nuestro único planeta, nuestra casa, nuestro mundo. Para lo que quieren de su interés, enseguida realizan cambios legislativos o decretazos. Pero ¿qué ocurre con los más de nueve millones de personas que mueren al año por contaminación? ¿Acaso hay muertes de primera y de segunda? Con el covid-19 rápidamente pararon de un día a otro la actividad en la mayor parte del mundo. Y sin embargo, la contaminación por productos químicos tóxicos que duplican las muertes de Covid-19 en nueve millones de personas al año, no se toman ninguna medida ni se intenta parar esta masacre humana que no se produce por un virus invisible, sino por empresas y productos que envenenan nuestra sangre y la sabia misma de la Tierra.

         Una vez más de tantas y basándome en los informes referidos, se está cometiendo un crimen de lesa humanidad contra la población humana sin que los que tienen el poder de hacerlo para evitarlo, muevan un solo dedo,  mirando hacia otro lado para conservar sus sillones y sus altos sueldos que ellos mismos se imponen y que sale del sacrificio y el trabajo del ciudadano.

         Esta es la triste realidad de un  mundo basado en la economía destructiva, que arrasa sin piedad los derechos humanos, el medio único donde habitamos y la desinformación abusiva basada en los beneficios a corto plazo, dejando a un lado el bienestar de las personas a vivir en un mundo limpio y libre. Y yo me pregunto ¿para qué sirven estos informes científicos que acusan directamente de irresponsabilidad a los políticos si nadie hace caso de los mismos? Mal vamos por este camino y más grande será nuestra caída, dejando a las generaciones futuras, un planeta hundido en la miseria y la toxicidad, con abismos profundos que nos han llevado al caos de la ignorancia, la intolerancia y la desidia de unos pocos que se creían ser los sabios y dueños del mundo.

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