Jueves, 14 Mayo 2020 18:12

EL APÓSTOL SAN PABLO SÍ VINO A ESPAÑA

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1) El apóstol tenía la nacionalidad romana (a la que correspondía el nombre de Pablo) y la nacionalidad judía (a ella correspondía el nombre de Saulo).

2) Saulo se convirtió al cristianismo en el camino de Damasco, cuando iba a perseguir a los cristianos de esa ciudad, según Hechos 9:1-9. Si observamos atentamente ese relato, veremos que Saulo no se cayó de ningún caballo; eso que dicen de “caerse del caballo” es un invento que utiliza el vulgo, que sólo conoce algunas cosas de la Biblia “de oídas”; pero no la ha leído nunca.

3) Desde entonces, Saulo (con el nombre de Pablo) se dedicó a predicar la doctrina cristiana por el mundo greco-romano. Hizo tres viajes por Asia Menor predicando y organizando iglesias. El primer viaje fue entre los años 45-48. El segundo, 49-53. El tercero, 53-58. Estos viajes están relatados en el libro de Hechos de los Apóstoles, y están documentados históricamente, ya que Pablo habló en muchas ocasiones con los gobernadores de las provincias romanas que iba recorriendo; es decir, la historia del cristianismo del siglo I está entretejida con la historia del imperio romano, cosa que muchos no quieren ver.

4) En su tercer viaje, escribió la Carta a los romanos en el año 58 en Corinto, cuando iba a Jerusalén, para llevar el dinero recogido por varias iglesias, para los cristianos pobres de esa ciudad. En esa carta, dice, a los cristianos de Roma, lo siguiente: “[…] desde Jerusalén hasta la Iliria (costa oriental del mar Adriático) y en todas las direcciones todo lo he llenado del Evangelio de Cristo. Sobre todo, me he impuesto el honor de predicar el evangelio donde Cristo no había sido nombrado, para no edificar sobre fundamentos ajenos, […]. Por lo cual me he visto impedido muchas veces de llegar hasta vosotros; pero ahora, no teniendo ya campo en estas regiones y deseando ir hacia vosotros desde hace bastantes años, espero veros al pasar, cuando vaya a España, y ser allá acompañado por vosotros […]. Mas ahora parto para Jerusalén en servicio de los santos, porque Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta a beneficio de los pobres de entre los santos de Jerusalén. […]. Una vez cumplido esto, cuando les entregue este fruto, pasando por vosotros, me encaminaré a España, […].” (Romanos 15:19-28).

5) Ahora bien, cuando llegó Pablo a Jerusalén, los judíos querían matarlo, por lo que, para protegerlo, lo detuvieron las autoridades romanas, y lo llevaron a Cesarea, que es donde estaba la residencia del gobernador romano de Judea, quien esperaba que fueran allí los judíos para acusarlo delante de él; pero nunca se celebró ese juicio, por lo que Pablo estuvo allí detenido unos dos años, hasta que el gobernador romano Festo, en el año 60, lo mandó a Roma (Enciclopedia Universal Ilustrada…, tomo 23, pp. 625 y 1119), para que fuera juzgado ante el emperador romano; porque así lo quiso Pablo, quien llegó a Roma en la primavera del año 61, según Hechos 27:1-44; 28:1-16.

6) Después de estar dos años preso en Roma, quedó en libertad en la primavera del año 63. Desde esta fecha hasta su muerte en el año 67 (Profesores de Salamanca, Biblia Comentada, tomo VI, p. 234) tenía Pablo unos cuatro años para continuar con sus actividades. Entonces, hizo su proyectado viaje a España. Entre los cristianos de Roma que lo acompañaron, estaba Clemente Romano, que según dice Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica, V, 6:1-2, fue el tercer obispo de Roma. Este Clemente escribió, entre los años 95-96, una carta a los corintios; en ella, les cuenta ese viaje a España, y al mismo tiempo hace un resumen de los sufrimientos que había pasado Pablo durante su ministerio; así lo dice: “Por seis veces fue cargado de cadenas; fue desterrado, apedreado; hecho heraldo de Cristo en Oriente y Occidente, alcanzó la noble fama de su fe; y después de haber enseñado a todo el mundo la justicia y de haber llegado hasta el límite de Occidente y dado su testimonio ante los príncipes(*)salió así de este mundo y marchó al lugar santo(**), dejándonos el más alto dechado de paciencia.” (Daniel Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, BAC, 1967, pp. 115, 182).

(*) El término griego traducido por “príncipes” está usado en el NT para referirse a los dirigentes judíos en Juan 3:1. Por tanto, habló con los responsables de los judíos en el lugar (o lugares) que visitó en España, en la región de Cádiz, “el límite del Occidente”, el “Non Terrae Plus Ultra” de los romanos refiriéndose al Estrecho de Gibraltar.

(**) La expresión “lugar santo” se refiere al lugar (o campo santo) donde los cristianos llevaban a enterrar los restos de los cristianos que habían sido martirizados, como hicieron tras el martirio de Esteban (Hechos 8:2).

7) Por tanto, Pablo llegó a la zona de Cádiz y visitó allí a los dirigentes de los judíos, como había hecho antes en todos sus viajes por Asia Menor; en cuanto llegaba a una ciudad por primera vez, iba a la sinagoga y daba su testimonio sobre Cristo a los judíos, para terminar hablando con los responsables de la sinagoga; es decir, Pablo hizo en la zona de Cádiz lo que venía haciendo en todos sus viajes misioneros. Así, Pablo realizó el encargo que Jesús hizo a sus seguidores: que fueran testigos suyos hasta lo último de la tierra, según Hechos 1:8.

8) ¿Por qué sabía Clemente Romano hasta dónde llegó Pablo y a quién dio testimonio? Porque Pablo no conocía el latín, que era la lengua que se hablaba en la parte occidental del imperio romano, y Clemente, que conocía el griego y el latín, acompañó a Pablo y fue su traductor; y esa predicación de Pablo en España duró, por lo menos, unos dos años de los cuatro mencionados más arriba, y todavía le quedaron otros dos años, de esos cuatro, para hacer un viaje a Oriente.

9) En efecto, después de ese viaje a España, volvió Pablo a Oriente, donde hizo un recorrido por varias iglesias. Luego aparece detenido en Roma, donde escribe su segunda carta a Timoteo, que es el último de sus escritos (Profesores de Salamanca, Biblia Comentada, tomo VI, p. 233) y (J. Marx, Compendio de Historia de la Iglesia, Editorial y Librería Religiosa, Barcelona, 1959, pp. 36-37). Entonces, Pablo ya sabe que va a morir, por eso dice, a Timoteo: “[…] yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi muerte está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2Timoteo 4:6-8).

10) Vemos que Pablo murió pensando en la venida de Jesús, tema del que tanto habló en sus escritos: veamos algunos pasajes donde presenta claramente esta enseñanza:

“13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos Jesús murió y resucitó así también Dios tomará consigo por medio de Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitaran primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y desde entonces estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, consolaos mutuamente con estas palabras. (1 Tesalonicenses 4:13-18). Entonces Jesús cumple la promesa que hizo poco antes de morir (Juan 14:1-3).

Y en otro lugar, se expresa así: “51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

Por fin dice como Jesús hará esa transformación de nuestro cuerpo: “20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, conforme a su cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas. (Filipenses 3:20-21). (Todos los textos citados en este apartado 10, han sido cotejados con el texto griego).

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