Martes, 05 Mayo 2020 20:24

HISTORIA DE LAS IMÁGENES RELIGIOSAS, 1

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Los tres artículos de este tema fueron publicados en el año 2007 en una Revista editada en Tres Cantos; como concedían poco espacio, había que aprovecharlo; por esto, no hay separación entre párrafos, lo cual da lugar a un texto muy denso; podíamos haberlo modificado ahora; pero hemos preferido reproducirlo como apareció entonces.

Pasando al tema que nos ocupa, vemos que la Biblia prohíbe, en el Decálogo, que se hagan imágenes; pero, para ver con claridad cómo son los diez mandamientos del Decálogo en la Biblia, y la gran manipulación hecha en ellos, ponemos a continuación una tabla con estos diez mandamientos bíblicos en la primera columna, y los diez mandamientos manipulados en un catecismo en la segunda columna.

 

Según la Biblia

 

Según el Catecismo

 

"No tendrás otro Dios que a mí."

 

"Amarás a Dios sobre todas las cosas."

 

"No te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo sobre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, y no las servirás, porque yo soy Yavé, tu Dios, un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y hago misericordia hasta mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos."

 

¿...?

 

"No tomarás en falso el nombre de Yavé, tu Dios, porque no dejará Yavé sin castigo al que tome en falso su nombre."

 

"No tomarás el nombre de Dios en vano."

 

"Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios, y no harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que esté dentro de tus puertas, pues en seis días hizo Yavé los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yavé el día del sábado y lo santificó."

 

"Santificarás las fiestas."

 

 

"Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra que Yavé, tu Dios, te da."

 

"Honrarás a tu padre y a tu madre."

 

"No matarás."

 

"No matarás."

 

"No adulterarás."

 

"No cometerás actos impuros."

 

"No robarás."

 

"No robarás."

 

"No testificarás contra tu prójimo falso testimonio."

 

"No darás falso testimonio ni mentirás."

 

10º

"No desearás la casa de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada de cuanto le pertenece." (Éxodo 20:3-17).

 

 

.......

10º

"No consentirás pensamientos ni deseos impuros."

.............................................

"No codiciarás los bienes ajenos."

 

Sagrada Biblia, Nácar-Colunga,

BAC, 27ª edición, 1968

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 1992. Y Conpendio, 2005.

Como es evidente, la Iglesia Católica ha quitado el 2º mandamiento del Decálogo en su Catecismo y, para seguir teniendo diez mandamientos, ha partido el 10º mandamiento del Decálogo bíblico en dos: el y el 10º en su Catecismo; pero Dios dice: "No añadáis nada a lo que yo os prescribo, ni nada quitéis, sino guardad los mandamientos de Yavé, vuestro Dios, que yo os prescribo." (Deuteronomio 4:2). (Véase también Mateo 7:21; 19:16-17; 1ª Corintios 7:19).

Observamos que el segundo mandamiento del Decálogo, que está escamoteado en la segunda columna, prohíbe varias cosas: 1ª) Hacer imágenes. 2ª) Postrarse ante ellas. Etc. Ahora bien, como si esas prohibiciones no fueran suficientes, Dios agrega esto: “Puesto que el día en que os habló Yavé de en medio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos, haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer, […].” (Deuteronomio 4:15). Por otra parte, se ratifica todo esto en el NT, cuando se dice que cualquier clase de honor sólo se debe dar a Dios por ser el Creador: “Digno eres, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas.” (Apocalipsis 4:11). El mensaje de este texto se repite a lo largo del AT, para enseñarnos que toda clase de adoración y de culto sólo se debe dar a Dios por ser el Creador de todas las cosas, Salmos 148:1-5; etc. Por tanto, nadie ni nada, fuera del Creador, debe recibir ninguna clase de culto ni de veneración ni de adoración, porque son seres creados, y rendir cualquier clase de culto a los seres creados es idolatría, según las Sagradas Escrituras. Además, tampoco se debe adorar a Dios por medio de una imagen, porque Jesús dice claramente que, a Dios, sólo se le debe adorar en espíritu: “Dios es espíritu, y los que le adoran han de adorarle en espíritu y en verdad.” (Juan 4:24). Ahora, alguien puede preguntar: ¿por qué (si en la Biblia está prohibido tan claramente hacer imágenes y rendirles culto) hay tantas imágenes en las iglesias católicas a las que se les rinde culto? La respuesta está en la historia de las imágenes religiosas; esta historia comenzó cuando los emperadores romanos, a partir de Constantino en el siglo IV, fueron ingresando en la Iglesia: “[…], la conversión de los emperadores romanos a las doctrinas de Cristo, ocasionó la de una gran parte de sus súbditos; pero se trataba de conversiones puramente oficiales sin influencia alguna sobre la moralidad. […]. Se necesitaba, sin embargo, un lenguaje plástico para los catecúmenos, incapaces de concebir una divinidad abstracta, sin representación material y de esta suerte la imaginería, reminiscencia pagana, comenzó a introducirse furtivamente en el arte cristiano.” (F. Arranz Velarde: Resumen de Historia Universal, pp. 159-160). Al principio, no todos los dirigentes de la Iglesia estuvieron de acuerdo; el obispo Epifanio de Salamis (315-403) cuenta esto que le sucedió a él mismo: “Llegué a una villa llamada Anablata y, según pasaba, vi que ardía allí una lámpara. Pregunté qué lugar era aquél y, al enterarme de que era una iglesia, entré a orar y encontré allí una cortina que pendía en las puertas de dicha iglesia, teñida y bordada. Llevaba una imagen de Cristo o de un santo; no recuerdo exactamente cual. Al verla, irritado de que una imagen pudiera pender en la iglesia de Cristo en contra de la doctrina de las Escrituras, la desgarré y aconsejé a los guardianes del lugar que la usaran como mortaja para alguna persona pobre.” (Johannes Quasten, Patrología, BAC, 4ª edición, tomo II, p. 434). (Continuará).

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Este artículo fue publicado el 10-04-2007 en el Boletín Tricantino, Tres Cantos (Madrid).

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