Banderas blancas

Fotografía pexels

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Estamos asistiendo de forma inaudita a una serie de declaraciones por parte de altos políticos de la Comisión Europea, que sin embargo no parece preocupar a la sociedad, ni tampoco a los políticos nacionales y eurodiputados ni medios informativos. Algo tan grave dicho en la Comisión Europea por su Presidenta, que traspasa las líneas rojas de la dignidad humana y de la protección ciudadana: “Europa se tiene que preparar para la guerra”. Palabras belicistas que parecen haber olvidado los millones de muertos producidos en la II guerra mundial. Y no pasa nada. Y es apoyado por otros dirigentes de países europeos.

 Ursula von der Leyen, va más allá de sus propias declaraciones. “No podemos dejar que Rusia gane a Ucrania”. Europa debe de aumentar y acelerar su capacidad industrial de defensa. Para que Europa sea soberana, se debe de aumentar el gasto en defensa, no con su dinero claro está, sino con el de los ciudadanos que en su mayoría están en contra de la guerra y que por cierto, no ha existido unas elecciones europeas para elegirla como Presidenta. Por ello, sus declaraciones son solo parte de su estrategia y de los políticos que la han votado, pero no son de ninguna manera el sentir de los ciudadanos de Europa.

Aclara, sin ningún tapujo de sensibilidad humana, que debemos estar preparados para la guerra y es por ello, que sin consentimiento popular, la Unión Europea  enviará una fuerte señal al sector privado armamentístico y estimular su capacidad industrial de defensa en los próximos cinco años. Por otro lado, Nadia Calviño presidenta recién nombrada del Banco Europeo de Inversiones ha prometido hacer más y mejor, para impulsar la industria de defensa, haciendo un llamamiento a los Estados miembros para que respalden esta propuesta y que la industria de defensa en Europa necesita acceso al capital.

 Es decir, que se acabó el compromiso de la Agenda 2030 que en su  objetivo 16, nos habla de promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible. Mientras, las industrias de armamento aceleran sus producciones de pólvora y máquinas de matar frotándose las manos del negocio que siempre ha alimentado a este tipo empresas en el transcurso de la historia de la humanidad.

 Ya no existe crisis climática, no hay que reducir los insecticidas que envenenan la comida, por el temor a los movimientos agrarios. La Agenda 2030 es un fracaso y una mentira para la sociedad. Y para aumentar este desastre, los países de la Unión Europea bloquean la ley que exige a las empresas mayor respeto a los derechos humanos y al medio ambiente en sus lugares de explotación o negocio en terceros países.

 En respuesta a estas declaraciones por parte de Europa, Rusia responde que su intención no es atacar a Europa, pero que la OTAN manda tropas a Ucrania, las consecuencias serían trágicas y que sus fuerzas estratégicas nucleares se encuentran en plena disposición de combate. 

 Solo que alguien cometa un error, nos veremos involucrados en una trágica guerra nuclear que todos sabemos cuál será el resultado y en el que nadie ganará.

 Todos deberían leer el libro de Ken Follett titulado “Nunca”. Tal vez así, las conciencias se abran y la coherencia vuelva a ser la predominante del ser humano que debe siempre fortalecer la paz y caminar con dignidad. Cualidades que muchos de nuestros políticos parece que han olvidado. 

 En lugar de luchar en la sede de la Unión Europea por la diplomacia, alimentan el conflicto con declaraciones sin sentido, olvidando las necesidades de los ciudadanos y su bienestar. La única diplomacia que parece tener en mente, se traduce en el envío de armas a los conflictos bélicos para que puedan seguir alimentando el fuego de la guerra y sembrando muerte. Dinero que es de los ciudadanos europeos que sin permiso lo utilizan para destruir, en lugar de construir.

 ¿Es esta la solución, en lugar de trabajar por la paz y mitigar los conflictos que para eso les pagamos? ¿Qué solución tenemos los ciudadanos? No podemos quedarnos sin contestación a estas absurdas y amenazantes declaraciones por parte de la Unión Europea. Debemos ser  capaces de unirnos y gritar ¡basta!, de salir a la calle gritando que no queremos ser partícipes de las decisiones que se van a tomar. Queremos tener un futuro tranquilo de paz para nuestros hijos, nietos y generaciones futuras. Comprender la estupidez de muchos políticos en la Unión Europea y hacerles llegar nuestra disconformidad como lo han hecho las tractoradas que han parado la reducción de insecticidas, en detrimento de la salud de los alimentos.

 Si pudiéramos hacer una cadena humana de paz que llegará a Bruselas o simplemente no votando nadie en las próximas elecciones europeas mientras que los posibles eurodiputados firmen su compromiso  de no alimentar a las industrias de armamento y  trabajar con diplomacia para obtener la Paz, entonces seguramente que nuestra voz llegará fuerte y clara al seno de la Unión Europea.

 Hay que actuar ahora, cuando nos están preparando para una futura guerra que no puede descartarse en propias palabras de Úrsula, si no queremos ser protagonistas del libro de Ken Follet,  antes de que alguien cometa un error y ya no podamos dar marcha atrás.

 Coloquemos en nuestros balcones banderas blancas en respuesta a las declaraciones de la Presidenta de la Comisión Europea. No queremos prepararnos para la guerra, queremos velar por la paz mundial y la estabilidad del mundo, por la armonía y la hermandad entre pueblos. Llevemos en nuestros corazones la empatía y la humildad para un mundo más justo sin que las armas sean la herramienta o la solución a nuestros problemas sociales. Banderas blancas por la paz.