Souvenires de la antigua Gaza

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Según todas las evidencias documentadas, la hoy arrasada y próxima a vaciarse de humanos Franja de Gaza fue una tierra próspera. Bendecida por su clima, por la feracidad de sus suelos y, sobre todo, por el plurisecular trabajo de los gazatíes, Gaza llegó a ser lugar de veraneo.

Un historiador contemporáneo escribe sobre la antigua Gaza: “A lo largo de los siglos, los viajeros que han visitado Gaza subrayan la fecundidad de su vegetación, la diversidad de su agricultura, ambas florecientes gracias a las aguas subterráneas y la benignidad de su clima. El valle de Gaza -wadi Gazza-, que desemboca en el mar un poco al sur de la actual ciudad capital de la Franja, ofrece refugio a las aves migratorias y a pequeños animales. El frescor y la sombra de sus oasis costeños contrasta con los cercanos y polvorientos caminos que llevan al desierto de Neguev. Gaza es el final de la costa levantina, el último refugio antes del inhóspito desierto” (cf. infra, Filiu))

 

 En el principio, estuvo Gea. Por ello, comenzamos con la Geología: Franja de Gaza: Lito-estratigrafía descriptiva de las unidades A->E. Estas unidades están compuestas por (Kurkar; arenisca o psamita -calcareous sandstones) y por varias subunidades Hamra (lutitas, -mudstone). Más info en: Khalid Fathi Ubeid. 2016. “Quaternary Stratigraphy Architecture and Sedimentology of Gaza and Middle- to Khan Younis Governorates (The Gaza Strip, Palestine)”; en International Journal of Scientific and Research Publicationsvol. 6: 1, ISSN 2250-3153)

Llegan la Humanidad y la Inhumanidad

Primeros vestigios semi-paleontológicos. Quinto milenio antes de la Era cristiana -ane: en Qatif, cerca de la frontera sur de Gaza, primeros -por ahora- signos de ocupación humana.
Siglo XIV ane: Fundación de la ciudad de Gaza como capital de la provincia egipcia de Canaan.

“El control y la posesión de Gaza fueron un tema recurrente en la rivalidad entre los poderes asentados en el valle del Nilo y los dominadores del Oriente Próximo. Ejemplo, a mediados del siglo 18 ane, los Hicsos (Hyksos) se establecieron en ese Oriente donde construyeron una cadena de fortines pensados como cuarteles desde donde conquistaron Egipto. En el Nilo, llegaron a fundar su propia dinastía, la nº 15. Pero, cuando fueron expulsados de la tierra de los faraones, se atrincheraron en la Gaza meridional. Cuando Tutmosis I, el tercer faraón de la susodicha dinastía llegó al trono, Gaza cayó definitivamente bajo el poder de los faraones egipcios” (cf. Jean-Pierre Filiu. 2014. Gaza. A History. 441 pp., Oxford University Press. Dedicatoria de este libro:: To the memory of the thousands anonymous / Who died in Gaza before their time / Though they had a life to live / En famille and in peace.)

Obviamente, la principal ruta terrestre que partía del delta y llegaba a Gaza a lo largo de la costa norte del Sinaí y se adentraba luego hasta el corazón de Canaán, era de máxima importancia para el régimen faraónico. Una fuente egipcia del siglo XVI ane, cuenta las hazañas del faraón Amosis (XVIII Dinastía) que saqueó Avaris y persiguió al resto de los Hicsos hasta su ciudadela principal, en el sur de Canaán —Sarujén, cerca de Gaza—, que tomó al asalto tras un largo asedio. Efectivamente, hacia mediados del siglo XVI ane., la ciudadela -hoy yacimiento arqueológico- de Tell ed-Daba fue abandonada, marcando el repentino final de la influencia cananea en la hoy Palestina.

El tramo potencialmente más vulnerable de la ruta Delta del Nilo->Canaán, precisamente el que cruzaba el peligroso desierto del norte del Sinaí, era el tramo más protegido. A lo largo de toda su extensión se había establecido un complejo sistema de fuertes egipcios, graneros y pozos situados a intervalos de una jornada de marcha denominado los Caminos de Horus. Estas ‘casillas camineras’ permitían al ejército imperial cruzar velozmente la península del Sinaí. Los anales del gran conquistador egipcio Tutmosis III nos recuerdan que marchó con sus tropas en diez días desde el este del delta hasta Gaza, una distancia de 250 kms. Léase que, estando el cruce del mar Rojo mucho más cerca del Delta que el elusivo Canaán, diga lo que diga el Viejo Testamente, no pudieron tardar mucho aquellos carros del faraón que tanto espanto causaban al Pueblo Elegido en su búsqueda de esa (tan fantasmagórica como inventada por el lobby de Moisés) Tierra Prometida que, al final era el conocidísimo Canaán.

Poco después, Canaán pasó a poder del Imperio Asirio. Si consultamos la Biblia y damos con la página de ese colosal palimpsesto que ahora nos interesa, encontraremos que el šar māt Aššur (rey de Asiria) Senaquerib devastó las zonas rurales judeo-cananeas con concisión y frialdad. Continuando con la misma fuente veterotestamentaria (mil veces escrita, borrada y vuelta a escribir) leeremos en Ezequías otras peripecias del mismo soberano: “El judío no se sometió a mi yugo. Sitié 46 de sus ciudades fortificadas, plazas fuertes con murallas y las incontables aldeas de sus proximidades y las conquisté utilizando rampas de tierra bien apisonadas y arietes que llevé así hasta las murallas, junto con el ataque de soldados de a pie, abriendo minas y brechas y zapándolas. Hice salir de ellas a 200.150 personas jóvenes y viejas, hombres y mujeres, caballos, mulas, burros, camellos e incontable ganado mayor y menor y los consideré botín de guerra. En cuanto a su rey, lo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como pájaro en jaula. Lo rodeé con terraplenes para importunar a quienes salían por la puerta de su ciudad. Saqué de su país a las poblaciones saqueadas por mí y se las entregué a Mitinti, rey de Asdod, a Padi, rey de Ecrón, y a Sillibel, rey de Gaza. Así reduje su país y aumenté su tributo.” (cf. Filiu, op. cit)

Asimismo, el šar māt Aššur Teglatfalasar III, consideraba Gaza la etapa final tradicional de las rutas del desierto -por ello, era conocida como la aduana de Asiria. En consecuencia, colocó funcionarios/aduaneros en ella para que recaudaran impuestos en el puerto, punto de partida de las caravanas que recorrían las rutas terrestres. Otro rey, Sargón II, declaró haber abierto al comercio la frontera de Egipto y mezclado asirios con egipcios. De hecho, la colección de huesos de animales desenterrada en Tell Jemmeh -yacimiento del siglo VII cercano a Gaza -, muestra un espectacular aumento del número de camellos. Un estudio de los huesos realizado por la arqueóloga Paula Wapnish indica que aquellos camellos —todos ellos adultos y, por tanto, no pertenecientes a un rebaño natural criado en el lugar— eran utilizados en el comercio caravanero.

Tanta prosperidad comercial tenía que despertar las reticencias de Yavéh: “Así ha dicho Jehovah: Por tres pecados de Gaza, y por cuatro, no revocaré su castigo. Porque llevó cautivo a todo un pueblo para entregarlo a Edom. Enviaré fuego al muro de Gaza, el cual devorará sus palacios” (profeta menor Amós 1, 6,7) “Pero he aquí que el Señor se apoderará de ella y destruirá en el mar su poderío, y ella será consumida con fuego. Ascalón lo verá y temerá. Gaza también temblará en gran manera; lo mismo Ecrón, porque su esperanza ha sido avergonzada. Dejará de haber rey en Gaza y Ascalón no será habitada” (Zacarías 9; 4,5)

Sansón, ¿antítesis mitológica de las inermes Intifadas?

Sansón, el héroe de Dan traicionado y afeitado por la seductora filistea Dalila, cegado -los filisteos le han sacado los ojos- y humillado -le usan como burro dando vueltas a una noria-, muere en Gaza después de derribar los pilares del gran templo filisteo de Dagón.

Escribe Dios-Yavéh: “Sansón fue a Gaza y vio allí a una mujer prostituta, y se unió a ella. Y fue dicho a los de Gaza: “Sansón ha venido acá.” Entonces ellos lo rodearon y lo estuvieron acechando toda la noche, junto a la puerta de la ciudad. Estos estuvieron en silencio toda la noche, diciendo: “Cuando aparezca la luz de la mañana, entonces lo mataremos.” Pero Sansón estuvo acostado solamente hasta la medianoche. Se levantó a la medianoche, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos postes, las arrancó con cerrojo y todo. Las puso sobre sus hombros y las subió a la cumbre del monte que mira hacia Hebrón” (Jueces 16, 1,3)

 

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