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Constitución: chequeo médico

Demasiados aniversarios. MALAGÓN

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Un vistazo a los órganos del Estado, esos que, regulados por la Ley Fundamental, estructuran este país libre y de convivencia 

Si pasados los cuarenta se recomiendan chequeos médicos rutinarios, las Constituciones no deberían ser menos. La nuestra cumple 43 y lo hace con una salud de hierro, juran en su cumpleaños las crónicas oficiales que me recuerdan a un buen amigo. Cada vez que empalma tres resacas consecutivas abandona su vida sedentaria y fumadora para ir al gimnasio y meterse dos horas de spinning extremo. Estoy de puta madre, no necesito ir al médico, dice sonriente y sudoroso mirando por el rabillo del ojo el desfibrilador.

La presidenta de Madrid, que es España, presidía el pasado viernes un acto institucional –subrayen lo de institucional– en homenaje a la Constitución Española. Consti tú eres roja, consti tú eres gualda. Durante su discurso Ayuso defendía la Ley Fundamental como garantía de la libertad y la convivencia para, un instante después, en una conseguida mezcla de libertad y convivencia, arrancar libremente a embestir contra todo bicho viviente que no fuera militante del PP o de su alter ego Vox. Comunistas, terroristas y bolivarianos todos. Las caras de las autoridades allí presentes, algunas de ellas miembros de partidos ajenos a la España fetén, eran un poema. Mejor arranque imposible para celebrar el nuevo aniversario de una Constitución que, Ayuso lo confirmó, no requiere chequeo médico.

Metiéndole zoom al ecógrafo podríamos observar un Constitucional cuyos miembros reciben al compañero de reconocida competencia en los más sonados casos de corrupción del PP
 
 
Ir al médico es tener ganas de llevarte un disgusto, dice mi amigo y razón no le falta. Si, imprudentes de nosotros, pidiésemos cita para echarle un vistazo a los órganos del Estado, esos que, regulados por la Ley Fundamental, estructuran este país libre y de convivencia, veríamos un Poder Judicial –art.177: la justicia emana del pueblo– con el mandato caducado y su renovación bloqueada desde hace tres años. El PP decidió que le venía mejor una mayoría conservadora atrincherada que una emanando. Metiéndole zoom al ecógrafo podríamos observar con detalle un Tribunal Constitucional cuyos miembros –art.159.2, juristas de reconocida competencia– reciben al nuevo compañero de reconocida competencia en los más sonados casos de corrupción del PP. Más abajo puedes ver el Tribunal Supremo, nos diría el doctor. Un tribunal que hace poco le retiró su acta de diputado –art.66.3, las Cortes Generales son inviolables– a un diputado de izquierdas acusado hace años y condenado ahora sin pruebas por un delito menor. Qué decir del Tribunal de Cuentas, seguiría el chequeo algo angustiado el señor médico para explicarnos que un puñado de exministros de Aznar recolocados en el órgano –art.136.1, fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica de Estado– libraron a la condenada doña Ana Botella de tener que reponer a las arcas lo saqueado con los pisos públicos –art 47, derecho a una vivienda digna– malvendidos al fondo buitre del niño. No quiero amargarte el día, nos diría el de la bata blanca puntero láser en mano, pero aquí está el Ministerio Fiscal –art.124.1, promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad– y su fiscal general pillada in fraganti saliendo de un piso tras reunirse con el periodista de las cloacas. Hablando de prensa –art.20.3, respeto al pluralismo de la sociedad– toda ella está concentrada aquí, en cuatro grupos empresariales con ramificaciones en el Ibex 35. Su funcionamiento habitual es difundir propaganda –art.20.1, derecho a recibir libremente información veraz– en función de intereses financieros y mercantiles. 
 

Eso que ves ahí no es un órgano del Estado, intentaría el señor médico relajar el ambiente tras el sofocón constitucional: como curiosidad mira al jefe de la oposición y posible próximo presidente del Gobierno de todos acudiendo a una misa en homenaje al dictador Francisco Franco. Sí que es un órgano del Estado, volvería a ponerse serio el galeno, la Casa Real. En este caso, al fin buenas noticias. Aunque dividida entre España, Abu Dhabi, Suiza, Panamá y las Islas Vírgenes, la monarquía está respetando al dedillo el mandato constitucional –art.56.3, el Rey es inviolable y no está sujeto a responsabilidad–. Llegamos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad –art.104, proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana– y su escoliosis escorando siempre a la derecha. Aquí los vemos, señalaría con el puntero, fotografiándose sonrientes con neonazis o sacando tanquetas y cargas policiales contra una manifestación de trabajadores que piden empleo digno, el mismo que garantiza la Constitución –art.35.1–. No te asustes: el Gobierno más progresista de la historia controla a la policía igual que controla los precios de la luz –art.128.2, mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales–. Fuera del ecógrafo, no podemos verlo pero yo te lo cuento, acabaría el doctor, tenemos a un puñado de creadores y humoristas exiliados (art.20.1, derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción) por haberse pasado de listos en temas de los que es mejor no hablar. Esperemos que, a ti, con este artículo tan ocurrente, no te suceda lo mismo, bromearía. Háganle caso a mi amigo y no vayan al médico. Es ganas de llevarte un disgusto. Feliz día de la Constitución.

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