APUNTES DE TAUROMAQUIA COLMENAREÑA

Tauromaquia
Typography

Presentación

Los dichos populares de nuestros pueblos serranos tenían distintos calificativos o afirmaciones para definir a cada uno de ellos más allá del nombre o patronímico oficial, en muchos casos estas denominaciones específicas hacía referencias a los trabajos o laboreos de sus habitantes. De nuestro pueblo, se decía, y aun hoy en día podemos escuchar a viejos comarcanos la afirmación: “Colmenar Viejo pueblo de abogados, curas y ganaderos”, posiblemente, resumiendo en tal afirmación la proliferación durante siglos de estas profesiones en nuestro municipio.

apuntes tauromaquia colmenare pequePor otro lado, también fue frecuente que algunas personas compatibilizaran dos de estas profesiones, que fuera abogado y ganadero o cura y ganadero. De esta segunda dualidad profesional es de lo que trata este segundo volumen de Apuntes de Tauromaquia Colmenareña.

En el Antiguo Régimen, momento histórico en el que se enclava el Catastro de Ensenada (1752), Colmenar Viejo tenía una importante cabaña ganadera principalmente de ganado ovino y caprino, y también comenzaba a la selección y cruce del toro bravo perfilando lo que años posteriores le daría una cualificación específica en los que se denominaría Toros de la Tierra.

Por otro lado, en estos mismos años, era de resaltar el número de clérigos regulares y seculares que residían en el municipio. El citado Catastro nos indica que el número total de religiosos era de treinta y cinco, incluidos los doce frailes sacerdotes del Convento franciscano. Como cabeza principal de todos ellos, aunque no todos tuvieran una función religiosa dependiente directamente de la Parroquia, se encontraba el Presbítero Doctor don Alejandro de Ulloa y Rozas al que complementa en la jerarquía religiosa Don José Sánchez Gayoso como teniente de cura de la parroquial, el resto de estos religiosos o bien tenían labores de ayuda parroquial como coadjutores o poseían capellanías de la muchas memorias y fundaciones que había en nuestro pueblo, algunos de estos últimos pertenecían a importantes familias locales y como tal fueron herederos de parte del patrimonio familiar lo que les llevó a ejercer la dualidad del oficio religioso y del ganadero.

            No hay ninguna duda de que el poder social que tenía el Párroco en el contexto de su municipio era destacado y en función del tamaño de su feligresía, que en el caso de los municipios medianos o pequeños correspondía a la totalidad de los vecinos, le correspondía un valor económico. Colmenar Viejo con 3.893 habitantes estaban entre los municipios con una considerable población dentro de los componían el extenso arzobispado de Toledo al que jerárquicamente pertenecía, y a esto le correspondía un valor de su curato de cierta importancia; Ángel Fernández Collado (2005) en su publicación “Las rentas del clero en 1822. Arzobispado de Toledo”, establece como valor del de Colmenar Viejo en 25.000 reales, muy por encima del de otros pueblos vecinos como Guadalix de la Sierra que era de 12.000 reales o de los 14.000 que tenía el de El Molar, aunque muy por debajo de que se asignaba a Fuencarral que era de 40.000 reales.

El poder social y económico del clero español que disfrutaba en el Antiguo Régimen en su calidad de segundo estamento se vio muy limitado tras las legislaciones liberales del siglo XIX; las desamortizaciones, exclaustraciones y la firma de un Concordato entre el Estado y la Iglesia conformaron una nueva situación que distaba mucho de los antiguos privilegios.

El caso colmenareño, en cuanto al número de eclesiásticos se vio restringido, por un lado, por la limitación que el Concordato establecía en el número de coadjutores en las parroquiales en función de los habitantes, y que a Colmenar por estar entre los 4001 y 5000 le correspondía 5 coadjutores, por otro, por el proceso desamortizador que obligó a la venta de los bienes de la Obras Pías con cuyas renta se pagaban los servicios de sus capellanes y, finalmente, por la exclaustración de los frailes franciscanos acusados de actividades políticas en favor de los rebeldes carlistas y la posterior apropiación del Estado del convento como sede de la administración de las rentas estancas.

Esta temática, de los religiosos ganaderos, se aborda en este Segundo volumen de Apuntes de Tauromaquia Colmenareña, teniendo la suerte de poder contar además de la consabida precisión y meticulosidad de Rafael Jusdado Paredes en la búsqueda y exposición de datos de los ganaderos históricos que han conformado la historia ganadera de toros bravos de nuestro municipio, concretado en este caso en el desarrollo pormenorizado de dos celebres curas-ganaderos como fueron el “Cura de la Morena” Pedro de la Morena González y el “Presbítero Antero” Antero López Cotillo; con la inestimable colaboración, para completar el volumen del antropólogo social y gran especialista en la realidad socio religiosa de nuestro municipio Roberto Fernández Suárez, que nos ilustra y narra la importancia de algunos de aquellos capellanes que compaginaron sus tareas religiosas con la labores de sus ganaderías de reses bravas como fueron Manuel Rodríguez Jusdado y Manuel Rodríguez González.

Por ello nos sentimos sumamente satisfechos de poder ofrecer a aficionados y estudiosos un nuevo capítulo de la historia ganadera de Colmenar Viejo y de su vinculación con otras facetas de la vida social que se extendió desde el siglo XVIII hasta los últimos años del siglo XIX, ratificando lo que siempre hemos afirmado de que es imposible conocer la historia de nuestro pueblo si la desmembramos de la tauromaquia.

 

Miguel Ángel de Andrés Santos 

 

  • Se puede adquirir al precio de 5 €, en Saiz Asesores c/ Prim nº 8 de Colmenar Viejo (Telf. 918452500)

 

 

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS
Publicidad
Publicidad