SEMINARIO DE TAUROMAQUIA DE COLMENAR VIEJO ( 5 )

Tauromaquia
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SEMINARIO DE TAUROMAQUIA DE COLMENAR VIEJO
Patrocina Club Taurino Los Mayorales de Colmenar Viejo Director: Miguel Ángel de Andrés

Nº 5 - Marzo 2018

Así fue el Seminario de Tauromaquia

seminario taurino 5 agendaUna nueva edición del Seminario de Tauromaquia de Colmenar Viejo se ha desarrollado entre los días 19 de enero y 10 de febrero pasado, teniendo lugar las charlas en los salones del
Centro Cultural Pablo Neruda y, como cierre una visita a la ganadería Montealto. Del desarrollo de todo ello le damos cuenta en este número de los Cuaderos de Tauroaquia..

De esta manera retomamos la publicación de las sesiones de los Seminarios, que ya, en sus primeras ediciones aparecieron publicadas en tres interesantes volumenes para ser memoria de la historia de la Turomaquia Colmenareña

También dijo, que partiendo de la base que recordar es traer a la memoria algo aprendido, te das cuenta de algunas cosas fueron ciertas o no, y parafraseó a Einstein que decía que los recuerdos eran algo engañoso, pues recodaban cosas de antes pero con las circunstancias de ahora, con lo cual uno no sabe si fue verdaderamente cierto lo que está recordando, y cierto es que por mucho que hayas sufrido recuerdas las cosas más matizadas.

Como ejemplo de esa cuestión se refirió al botijo que junto a un capote de brega ocupaban parte de la mesa de los conferenciantes.
Dijo que ese botijo, pintado por Reme Gamarra, una amiga y aficionada de su peña taurina, cada vez que lo veía en movimiento, se ponía nervioso, y aunque en realidad es un objeto
de cerámica que estaba encima de una nevera, al ver que le movían significaba que esa tarde o al día siguiente iba a torear; y algo similar le sucedía con el capote, aunque manifestó que él no tenía ni deseos ni ganas de volver a torear, además de faltarle corazón para ello; cuando lo cogía sentía una sensación de nerviosismo, y que a pesar de llevar diez años en Bolivia y tener la certeza de que nada le fuerza a volver a torear, el cogerlo le trae esa nerviosismo de los tiempos en que toreaba.

Todo esto, dijo, que también le trae a la mente frases que siempre escuchó, como la de que se es matador de toros hasta que se muere, aunque te retires, y con el tiempo se ha dado cuenta de que no es una frase hecha, pues en su vida ahora que es padre de cuatro hijos, allí en Bolivia ha utilizado muchos aprendizajes que le ha dado el mundo del toro, pues el hecho de viajar, de relacionarse con personas mayores, el haber tenido una juventud diferente, pues si sus amigos una noche estaban de juerga él no podía ir al tener que torear yel jugarse la vida, le hicieron tener una visión especial de los problemas que le podían suceder. Es una cosa que le acompaña toda su vida, el ser matador de toros, aunque lo quisiera negar o esconder.

En cuanto a la faceta artística, dijo estar en este momento en el mundo de la pintura, y tal como le sucedía con los objetos recordatorios de la tauromaquia, le sucede con el lienzo en blanco, que le pone muy nervioso pues no sabe lo que le va a salir; pero la diferencia está en que en el caso de la pintura si la inspiración no llega, no pasa nada, te vas, te tomas un café y ya llegará, pero con el toro no pasa eso, pues el torero es artista con una hora fija, te dicen tú quieres ser torero, pues tal día a las cinco, es un arte impuesto, y eso lo hace mucho más mágico.

Sobre el toreo afirmó que una faena buena, que te ha parecido maravillosa, y las has grabado o después la has visto por televisión, ya no te parece la misma, sientes que te falta algo, y es que intervienen muchos circunstancia y factores. Una faena, una tarde de toros vivida en la plaza es algo muy especial en la que intervienen muchas cosas. 

Continuó refiriéndose a los muchos sentimientos que tienen las corridas de toros y como los sentidos lo expresan, así el oído se le manifiesta con los pasodobles, el tacto con la textura del capote, el olor, concretamente el de los puros, que siempre le llevan a pesar en el matador de toros Pepe Colmenar.

Seguidamente se refirió al sentido del gusto y lo relacionó con otro matador de toros local, Miguel Cancela, del que dijo que había sido una persona increíble y muy especial para él, y una cuestión que le recuerda son las ancas de rana, pues era quién mejor las sabía preparar. Recalcando que hay personas que no se van nunca, que se quedan ahí, en el espacio del recuerdo.

En este mismo sentido recordó a Manuel Revelles, cuya escultura nos recibe siempre que entramos a Colmenar. Personaje al que calificó como simpático, muy sociable y al que le gustaba hacer chiquilladas, y del que contó la siguiente anécdota: “Un día cuando yo era un chaval que estaba empezando en esto de los toros me invitó a que le acompañara a una cena de entrega de premios taurinos en San Sebastián de los Reyes, y en la que los trofeos que se entregaban era esculturas suyas, me dijo que saliendo de Colmenar a las 9 o 9,30 llegábamos de sobra, y a esa hora salimos, cuando llegamos ya estaban en los postres y entregando los trofeos, pues el acto debía haber empezado a las siete o siete y media, cuando nos vieron entrar todos le saludaban, ¡hombre, el artista! ¡vaya horas!, saludos a uno y otros, y ya se subió al estrado cogió el micrófono y dice, perdonad que hayamos llegado tarde, veníamos con tiempo, y el chaval se ha empeñado que teníamos que entrar en un club que hay por aquí cerca, y yo no me podido negar. Yo muerto de vergüenza, decía Pedro, pensaba después dirá que lo había dicho de broma; pero nada el siguió a lo suyo y yo apurado viendo como todo el mundo me miraba y pensando cualquier cosa de mí”.

 

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seminariotauromaquia@gmail.com mayoralesdecolmenarviejo@gmail.com



 

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Nº 5 - Marzo 2018

Así fue el Seminario de Tauromaquia

seminario taurino 5 agendaUna nueva edición del Seminario de Tauromaquia de Colmenar Viejo se ha desarrollado entre los días 19 de enero y 10 de febrero pasado, teniendo lugar las charlas en los salones del
Centro Cultural Pablo Neruda y, como cierre una visita a la ganadería Montealto. Del desarrollo de todo ello le damos cuenta en este número de los Cuaderos de Tauroaquia..

De esta manera retomamos la publicación de las sesiones de los Seminarios, que ya, en sus primeras ediciones aparecieron publicadas en tres interesantes volumenes para ser memoria de la historia de la Turomaquia Colmenareña

También dijo, que partiendo de la base que recordar es traer a la memoria algo aprendido, te das cuenta de algunas cosas fueron ciertas o no, y parafraseó a Einstein que decía que los recuerdos eran algo engañoso, pues recodaban cosas de antes pero con las circunstancias de ahora, con lo cual uno no sabe si fue verdaderamente cierto lo que está recordando, y cierto es que por mucho que hayas sufrido recuerdas las cosas más matizadas.

Como ejemplo de esa cuestión se refirió al botijo que junto a un capote de brega ocupaban parte de la mesa de los conferenciantes.
Dijo que ese botijo, pintado por Reme Gamarra, una amiga y aficionada de su peña taurina, cada vez que lo veía en movimiento, se ponía nervioso, y aunque en realidad es un objeto
de cerámica que estaba encima de una nevera, al ver que le movían significaba que esa tarde o al día siguiente iba a torear; y algo similar le sucedía con el capote, aunque manifestó que él no tenía ni deseos ni ganas de volver a torear, además de faltarle corazón para ello; cuando lo cogía sentía una sensación de nerviosismo, y que a pesar de llevar diez años en Bolivia y tener la certeza de que nada le fuerza a volver a torear, el cogerlo le trae esa nerviosismo de los tiempos en que toreaba.

Todo esto, dijo, que también le trae a la mente frases que siempre escuchó, como la de que se es matador de toros hasta que se muere, aunque te retires, y con el tiempo se ha dado cuenta de que no es una frase hecha, pues en su vida ahora que es padre de cuatro hijos, allí en Bolivia ha utilizado muchos aprendizajes que le ha dado el mundo del toro, pues el hecho de viajar, de relacionarse con personas mayores, el haber tenido una juventud diferente, pues si sus amigos una noche estaban de juerga él no podía ir al tener que torear yel jugarse la vida, le hicieron tener una visión especial de los problemas que le podían suceder. Es una cosa que le acompaña toda su vida, el ser matador de toros, aunque lo quisiera negar o esconder.

En cuanto a la faceta artística, dijo estar en este momento en el mundo de la pintura, y tal como le sucedía con los objetos recordatorios de la tauromaquia, le sucede con el lienzo en blanco, que le pone muy nervioso pues no sabe lo que le va a salir; pero la diferencia está en que en el caso de la pintura si la inspiración no llega, no pasa nada, te vas, te tomas un café y ya llegará, pero con el toro no pasa eso, pues el torero es artista con una hora fija, te dicen tú quieres ser torero, pues tal día a las cinco, es un arte impuesto, y eso lo hace mucho más mágico.

Sobre el toreo afirmó que una faena buena, que te ha parecido maravillosa, y las has grabado o después la has visto por televisión, ya no te parece la misma, sientes que te falta algo, y es que intervienen muchos circunstancia y factores. Una faena, una tarde de toros vivida en la plaza es algo muy especial en la que intervienen muchas cosas. 

Continuó refiriéndose a los muchos sentimientos que tienen las corridas de toros y como los sentidos lo expresan, así el oído se le manifiesta con los pasodobles, el tacto con la textura del capote, el olor, concretamente el de los puros, que siempre le llevan a pesar en el matador de toros Pepe Colmenar.

Seguidamente se refirió al sentido del gusto y lo relacionó con otro matador de toros local, Miguel Cancela, del que dijo que había sido una persona increíble y muy especial para él, y una cuestión que le recuerda son las ancas de rana, pues era quién mejor las sabía preparar. Recalcando que hay personas que no se van nunca, que se quedan ahí, en el espacio del recuerdo.

En este mismo sentido recordó a Manuel Revelles, cuya escultura nos recibe siempre que entramos a Colmenar. Personaje al que calificó como simpático, muy sociable y al que le gustaba hacer chiquilladas, y del que contó la siguiente anécdota: “Un día cuando yo era un chaval que estaba empezando en esto de los toros me invitó a que le acompañara a una cena de entrega de premios taurinos en San Sebastián de los Reyes, y en la que los trofeos que se entregaban era esculturas suyas, me dijo que saliendo de Colmenar a las 9 o 9,30 llegábamos de sobra, y a esa hora salimos, cuando llegamos ya estaban en los postres y entregando los trofeos, pues el acto debía haber empezado a las siete o siete y media, cuando nos vieron entrar todos le saludaban, ¡hombre, el artista! ¡vaya horas!, saludos a uno y otros, y ya se subió al estrado cogió el micrófono y dice, perdonad que hayamos llegado tarde, veníamos con tiempo, y el chaval se ha empeñado que teníamos que entrar en un club que hay por aquí cerca, y yo no me podido negar. Yo muerto de vergüenza, decía Pedro, pensaba después dirá que lo había dicho de broma; pero nada el siguió a lo suyo y yo apurado viendo como todo el mundo me miraba y pensando cualquier cosa de mí”.

 

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